La Escala de Kinsey

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¿Conoces la famosa Escala de Kinsey? Es una escala creada por el biólogo Alfred Kinsey en el Informe Kinsey, que establece siete diferentes grados de comportamientos sexuales, cuando tradicionalmente se consideraban solo tres. Evaluando el historial sexual de una persona o los episodios de su actividad sexual en un tiempo dado, se usa una escala desde 0, es decir, exclusivamente heterosexual, hasta 6, es decir, exclusivamente homosexual. Proporcionando una graduación en la orientación sexual, estableciendo rangos de bisexualidad, siendo muy novedoso para su época por ser el primer estudio que plasmaba tal diversidad y se alejaba de la monosexualidad entonces comúnmente aceptada.

Según esta escala, podemos encontrar las siguientes 7 clasificaciones:

0. Exclusivamente heterosexual. En estas personas, el 100% de sus contactos sexuales sería con personas del sexo contrario.
1. Principalmente heterosexual. Esta persona tendría contactos homosexuales esporádicos, entre un 1% y un 25%. Son los coloquialmente conocidos como heterocuriosos.
2. Predominantemente heterosexual. Aunque aquí tendría contactos homosexuales más que esporádicos, entre un 26% y un 49%. A estos también se les conoce como heteroflexibles.
3. Bisexual. Una de las tres clasificaciones originales, junto con la heterosexualidad y la homosexualidad.
4. Predominantemente homosexual. Aunque con contactos heterosexuales más que esporádicos. Serían los homoflexibles.
5. Principalmente homosexual. Aunque tendría un porcentaje bajo, entre 1% y 25% de contactos heterosexuales. Aquí están los poco conocidos como homocuriosos.
6. Homosexual. El 100% de sus contactos sexuales serían con personas del mismo sexo.

¿Cuándo, cómo y por qué se le ocurrió a Kinsey este tipo de clasificación? Ahora parece obvio, pero estamos hablando de un contexto social y cultural donde no se hablaba abiertamente de ciertas cosas. Esta escala fue publicada por primera vez en Comportamiento Sexual en el Hombre Humano y en Comportamiento Sexual en la Mujer Humana, investigaciones en las cuales participó junto con otros científicos.

Sus resultados no siempre tuvieron la representatividad que requeriría una investigación moderna seria. Sin embargo, algunas de sus conclusiones son verdades como puños, como el hecho de que muchos de nosotros no nos consideremos del todo heteros u homos. Como curiosidad, Kinsey tuvo padres muy conservadores y se casó con una mujer con la cual se dice tuvo un matrimonio relativamente “flexible”.

Según las estadísticas de su informe, “el 11,6% de los varones blancos entre 20 y 35 años manifiestan un rango de 3 (bisexual)” y el “7% de las mujeres solteras entre 20 y 35 años y el 4% de las casadas entre 20 y 35 años daban un rango de 3 para este período de sus vidas”. Pero entre las mujeres había más variedad: “del 2% al 6% de las mujeres, entre 20 y 35 años, se colocaban en un grado de 5 (homocuriosa)” y “del 1% al 3% de las solteras entre 20 y 35 tenían un rango de 6 (homosexual)”. Por último, se definió que “3 de cada 5 hombres y 1 de cada 3 mujeres participaron al menos en una práctica homosexual hasta los 16 años de edad”.

Y tú, ¿en qué rango de la escala te colocas?

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Empatía

EmpatíaHoy he dado con un artículo de Punset realmente interesante en que hablaba sobre la crueldad del ser humano y en el que se remonta a los nazis.

Y es que según el artículo, la perversión del ser humano nos lleva a tratar a los demás como los nazis trataban a los judíos:

La perversión de tratar a los humanos como objetos no fue solo de los nazis; y es muy bueno que todo un equipo de científicos se dedique a descubrir los pormenores de este comportamiento que deriva en tratarlos con crueldad; entendida no desde el punto de vista del mal, sino de la falta de empatía. ¿Cuáles son las razones que incitan esta ausencia de empatía que alimenta sin duda la crueldad de unos contra otros?

Un psiquiatra y neurocientífico llamado Simon Baron-Cohen dedicó gran parte de su vida al estudio de la crueldad humana. En una entrevista, Baron-Cohen contó lo que pudo presenciar en un mercado de Nairobi unos años atrás: una mujer lanzó un grito desgarrador después de que un delincuente le cortara el dedo anular de la mano izquierda para llevarse un anillo que ella llevaba. Según él, al delincuente lo que le interesaba era el anillo, porque en su mente había transformado a las personas en objetos.

A veces, cuando vamos a un restaurante y el camarero no tiene su mejor día optamos por tratarle como un simple objeto, con la excusa de que pagamos un precio por ese servicio. La crueldad humana puede llegar a intentar desprestigiar o humillar a esta persona por el hecho de que se convierte en un simple objeto en manos de otra persona cruel y perversa, según las palabras de Punset y Baron-Cohen.

Si te parece muy fuerte que utilice las palabras ‘cruel’ y ‘perversa’ me vas a odiar cuando utilice la palabra ‘psicópata’. Los psicópatas intentan aparentar lo que no son y nunca dan muestras de sentimiento de culpa o empatía hacia los demás. Son personas de las que no te puedes fiar. Dan muestras de egocentrismo y son incapaces de generar una relación duradera. Sus emociones no funcionan correctamente y son incapaces de entender lo que es justo y lo que no. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque se caracterizan por su ausencia total de empatía. Son incapaces de predecir el impacto de su conducta sobre los demás; por tanto, son crueles y perversos.

No sé si coincidió con el inicio de la crisis o del nacimiento de las redes sociales, pero de un tiempo a esta parte he sido víctima de episodios de falta de empatía, de crueldad, perversidad o psicopatía, llámalo como quieras. Pero, a lo mejor porque he empezado a fiarme de la bondad de la gente equívocamente, me he dado cuenta de que el ser humano es despreciable, demente y hasta un tanto psicópata.

A los psicópatas solo les importan ellos mismos. En su mundo solamente tienen importancia ellos mismos. La ciencia ha demostrado en ocasiones que es imposible convertir a los psicópatas en personas normales, por el sencillo hecho de que no están debidamente conectados con el resto de los mortales, de que no son sociales, de que no son normales. Eso sí: hoy he aprendido que algo le tengo que agradecer a los psicópatas; y es que me han enseñado que sirve de muy poco intentar evitar sus actos dañinos, así que tendremos que dedicarnos exclusivamente a defendernos de ellos y a disfrutar de todo lo contrario. A acercarnos a las personas empáticas que sí que disfrutan de las características de las que carecen los psicópatas, los egoístas y los egocéntricos.

Al fin y al cabo, la empatía, al igual que la inteligencia, está más desarrollada en unas personas que en otras. Y con eso sí que no podremos luchar jamás, por mucho que los científicos y los psicólogos gasten años y dinero en intentar demostrar lo contrario.

Texto dedicado a todos los psicópatas que inundan nuestras vidas y luchan por destruirlas.

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Necesito que me dejes en paz

Seguro que no conocéis uno de mis temas preferidos de Amaral: Esperando un resplandor.

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Feliz noche pagana

Feliz noche paganaMis vecinos megacatólicos ya están preparando su gran noche. Acabo de entrar en casa y ya se escuchan villancicos a todo trapo por el equipo de música. Luego, durante la cena, los cantan ellos mismos en directo y armados de panderetas, zambombas y botellas de anís. Es una tradición que ellos celebran porque son católicos.

Sin embargo, mucha gente celebra la navidad solo por el hecho de que lo hace todo el mundo aunque la religión católica te la bufe que es lo que suele pasar en la mayoría de los casos. La gente dirá que es una tradición que se basa en ese momento “histórico” pero que debemos celebrar porque se lleva haciendo toda la vida. Lo veo tan absurdo como si, mi querido lector, coge ahora mismo una cuchilla de afeitar y se arranca el prepucio porque también es algo que acostumbran en otra religión que también se la bufa.

Pero, ¿qué tiene de real la navidad? Realmente, ¿el niño Jesús nació el 25 de diciembre? ¿Realmente puede la iglesia católica enorgullecerse por conseguir que todos los habitantes del planeta, como borregos, celebremos su gran noche tal día como hoy?

El asunto va más allá de las fiestas que tienen que ver con el nacimiento del hijo de dios del Hombre del Espacio. El 25 de diciembre (inicialmente era unos días antes) los antiguos romanos celebraban el inicio del solsticio de invierno y fue, por costumbre, eligiéndose ese día también para dar gracias por las finalizadas y disfrutadas cosechas. Es decir, que la navidad puede verse como una versión romana de lo que los norteamericanos llaman “Día de Acción de Gracias”.

Con el emperador Constantino en el siglo IV acabó la persecución de los cristianos, quienes empezaron décadas después a celebrar en ese mismo día de diciembre el supuesto nacimiento de su profeta. Fecha que para los romanos era el día grande del Sol. Es decir, que la navidad actual tiene sus orígenes en el calendario romano pagano, pero posteriormente se va remodelando hasta el punto en el que estamos ahora. De hecho, el Yule nórdico, el equivalente en esos países a la celebración pagana del inicio del solsticio invernal, es a lo que debemos los occidentales el nacimiento de esta celebración; de hecho en estas regiones, no necesitan recurrir a la religión para celebrar el Yule. De ahí vienen tradiciones de la navidad como Santa Claus, el muérdago, las luces o cosas tan absurdas como un árbol lleno de adornos. Esa costumbre navideña de iluminar calles, ventanas, árboles y casas procede precisamente del Yule escandinavo, puesto que en esta época y en estas regiones, apenas tienen luz solar en invierno.

Es decir, que si pones árbol, luces y das regalos en navidad, estás siguiendo una tradición pagana (lo siento por mis vecinos). Sí es cierto que la iglesia se lo ha sabido montar muy bien adjudicando todo este cuento a los reyes magos, pero bien es cierto que en otros países tan católicos como Italia se encarga de traer regalos la Befana, una bruja pagana.

Al igual que sucedió con Halloween, la navidad ha sido reconvertida en lo que es gracias al consumismo y al capitalismo. Compramos regalos hechos por empresas capitalistas (El Corte Inglés sigue abierto hasta las 20h00, daros prisa que todavía estáis a tiempo) para satisfacer nuestros mejores deseos como consumidores y no como personas que deseamos agradecer algo a la gente que queremos, apreciamos o estimamos. Solo buscamos nuestra satisfacción personal. No dejamos de ser una sociedad hipócrita e interesada que solo premia el mérito y el incentivo (los reyes magos solo te traen regalos si te portas bien).

Siento haberos jodido esta noche taaaan maravillosa. Probablemente no pueda volver a saludaros hasta el año que viene. Que os traigan muchas cosas los reyes. Yo ya me he ganado un poquito de carbón.

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La audiencia ha decidido que debe abandonar la casa…

¿Cuáles son las personas que votan en este tipo de programas?

El pasado jueves Gran Hermano vivió uno de sus momentos históricos y quiero comentarlo. Soy fan de este programa desde su nacimiento. Aunque el formato se haya ido renovando/modificando a lo largo de los años siempre me ha llamado la atención el tema principal: la convivencia y la relación entre un grupo de personas. Quizá porque soy alguien a quien no le gusta mucho relacionarse con los demás… No lo sé.

Sigamos. El caso que siempre he sido un telespectador pasivo del formato, es decir, que nunca he participado en él como lo hacen los espectadores. ¿A qué me refiero? En este tipo de formatos, el espectador es capaz de elegir el rumbo de los acontecimientos enviando mensajes o llamadas para pedir la expulsión de uno de los participantes. Esto no es nada nuevo para mi querido lector.

¿Te imaginas poder cambiar los acontecimientos de tu serie favorita votando a través de un SMS? Pues bien. Este es uno de los motivos que llevan a los fans del formato a participar activamente. Ahora bien, ¿cuánta gente lo hace?

Viendo las mediciones de audiencia de este programa se concluye que el espectador medio es joven, en concreto entre 15 y 34 años. Pero, ¿es un mero espectador, y nunca mejor dicho?

El jueves pasado se vivió una gala de infarto entre las dos grandes concursantes de esta edición, Clara y Adara, acabando con la expulsión de la primera de ellas. Los porcentajes estaban muy ajustados, como veis en la imagen: 50,002% contra 49,998%. El propio presentador, Jorge Javier Vázquez, fue el encargado de anunciar que era la primera vez que se daban porcentajes con tres cifras de decimales. Es más, llegó a señalar que solamente 3 llamadas fueron las que diferenciaban a una concursante de la otra. ¿Qué se puede concluir?

Si hay un 0,004% de diferencia entre ellas y ese porcentaje corresponde a 3 llamadas, se puede hacer una regla de tres y comprobar que, en total, el programa recibió 75.000 llamadas o mensajes de texto. Gran Hermano es un programa que suele tener una audiencia (redondeando) cercana a los 2.500.000 espectadores. Es decir (y volviendo a hacer otra regla de tres), que solamente vota un 3% de los espectadores del programa. Y aquí quería yo llegar con el post de hoy.

¿Realmente es ‘la audiencia’ la que decide lo que sucede en este tipo de programas? Siempre ha sobrevolado sobre la cabeza de este tipo de formatos la sospecha del tongo puesto que, normalmente, los datos de las redes sociales y las encuestas no suelen coincidir con la ‘decisión de la audiencia’. ¿Os acordáis de Belén Esteban? Todo el mundo la criticaba en redes, pero al final acabó ganando su edición.

¿Hay tongo? Según lo que nos muestran los datos, no. Si solo vota un 3% de la audiencia (los fans del concursante, sus familiares, los pocos espectadores que viven por y para el programa) es normal que parezca que estamos frente a un tongo. A mí me llamó la atención comprobar que tan poca gente se moja, aunque es normal, a dos euros por voto.

¿Quién gana entonces estos programas? ¿Quién más fans o amigos y familiares tenga? ¿Importa realmente la manera de concursar del individuo que presta su vida a las cámaras y micrófonos de la casa más famosa de España? ¿Podemos afirmar que la mecánica del concurso se basa en una forma de voto prácticamente ridícula? ¿Qué pasaría si Gran Hermano España decidiese, como se hace en otros países, votar gratis a través de Internet, Apps o redes sociales? ¿Por qué, visto lo visto, se sigue idolatrando a personas que ganan programas como Gran Hermano, Supervivientes, La Voz y Operación Triunfo cuando, es posible, no sean los grandes merecedores de esos vítores?

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