Cacería social

Linchamiento digitalAyer vi una obra de teatro titulada Escenas de caza pero no vengo a hablaros de ella. De lo que os quiero hablar es del tema en torno al cual gira la obra de teatro. La función podía estar mejor o peor de lo que vi o podían haber hecho tal cosa u otra. Lo que hay que reconocer es que el tema era brillante y da para mucho.

En la propia sinopsis de la obra podemos leer:

Ser gordo, delgado, tener un lunar en el párpado derecho, sesear al hablar, ser homosexual, ser pelirrojo, ser albino en Uganda, ser foca en el ártico, ser esquimal en Nueva York, tener cuatro dedos en la mano izquierda, ser hombre y nacer en el cuerpo de una mujer, ser mujer y nacer en el cuerpo de un hombre, ser cristiano en una sociedad musulmana, ser laico en una sociedad cristiana, tener diversidad funcional, tartamudear, un sentido del humor particular, no tenerlo en absoluto, tener los dientes rotos, no tener dientes, un ojo de cada color… El motivo para ser el blanco de la diana es aleatorio.

Escenas de caza podría ser el título de cualquier escenario de nuestra España contemporánea donde todos somos carne de cañón para ser perseguidos, donde el acoso está a la orden del día en todos los ámbitos, donde ser diferente y ser honesto con lo que sientes puede acarrearte dolor a ti y todos los que te rodean…

¿Os suena? ¿Alguna vez habéis dejado vuestra opinión en una red social y se ha llenado el hilo de la conversación de criticas destructivas, llenas de insultos y sin piedad? ¿Alguna vez os habéis mostrado en público tal como sois y eso ha acarreado cientos de murmullos, envidias y rumores falsos sobre lo que no es?

Siento deciros que todo eso ha venido para quedarse y que tiene un nombre: “poscensura”. Se trata de todo tipo de actos de boicot, linchamientos (digitales o no) y campañas de descrédito simplemente por expresar tu opinión, sea acertada o no. Pero no deja de ser una opinión.

¿Qué pasa si publico un comentario en Facebook en el hilo de una noticia sobre un ‘micromachismo’ opinando que el objeto de la propia noticia no me parece lo que todo el mundo piensa? Pues sí: que ese comentario mío se llenaría de insultos, sin ningún tipo de límite moral, amenazas y descréditos. Probablemente, gente a la que no conozco de nada y que no me conocen de nada, me llamarían machista o me criticarían por tener en mi foto de perfil una imagen de mi espalda. Sí, un día me llamaron ‘míster espalda’, solo porque voy al gimnasio (es mi trabajo) y porque esa persona no estaba de acuerdo con lo que yo estaba diciendo.

Yo le contesté: “piensa en lo que acabas de hacer”. ¿Me lo diría a la cara? No contestó. Porque, evidentemente, no lo harían. La anonimia que proporciona Internet es maravillosa para que existan individuos de estos a cientos en cada rincón de una red social.

Todo esto se ha traducido en algo que jamás tenía que haber vuelto a nuestros días: el “miedo al qué dirán”. Y en esto se basa la “poscensura” que, según palabras de Juan Soto Ivars, periodista y experto, se ha convertido en una especie de linchamiento digital que “se refiere al miedo a la crítica de gente anónima, que de forma desorganizada muestra su rechazo a la opinión de otro, en lo que puede convertirse en una vorágine de cientos de tuits y post en Facebook, que terminan convirtiendo la crítica en viral”. Y pone como ejemplo el alarmante fenómeno del “linchamento digital” contra el concejal de Ahora Madrid, Guillermo Zapata, por tuits sobre el Holocausto e Irene Villa; la campaña contra la escritora de ficción juvenil María Frisa, acusada de incitar al maltrato escolar en su libro “75 consejos para sobrevivir en el colegio”; o la campaña de descrédito que ha sufrido Cassandra por sus chistes sobre Carrero Blanco.

Ni Zapata era un negacionista del Holocausto, ni Cassandra una loca perturbada, ni yo soy lo que me dicen que soy por publicar en mi página de Facebook homónima a este blog toda clase de chistes, críticas, sátira y humor negro sobre todo lo que cae en mis manos.

Si las redes (sí, esos seres anónimos que se aprovechan de ello) te acusan de algo que no eres no te importa. Es más, te puedes regodear en ello. Pero si la acusación da una imagen contraria a lo que eres y encima lleva premio (retuits, ‘likes’ y hasta una viralización de tu escrito) esto puede conllevar problemas como pérdida de peso, desasosiego o hasta alopecia.

Uno de los asuntos que a mí más me perturban es cuando la gente puede sentirse ofendida por tu opinión. Porque la gente se ofende con tu opinión. Si opinas algo con lo que no están de acuerdo, se ofenden y te insultan. Cuando opinas algo contrario a lo que ellos piensan, se ofenden y te insultan. Pero cuando alguna de estas incorrecciones las cometen ellos y se lo haces saber… sí, también se ofenden y te vuelven a insultar.

Y si ya lo haces porque eres un sátiro o simplemente porque haces humor de algo que no tiene importancia (porque lo que opine un desconocido no tiene importancia) se ofenden mucho más que nunca. Y digo yo, ¿ofenderse va a acabar con el machismo, el racismo, la homofobia o la desigualdad social? ¿O es que simplemente la ofensa es la manera que tienen estas personas de ‘luchar’ por lo que creen justo?

Lo que os voy a decir a continuación me cuesta muchas veces explicárselo a la gente que me rodea, así que voy a hablar claro y directo.

¿Te ofende que diga que la bandera de España es un puto trapo? ¿Te ofende que piense y que te diga que hablas de libertad de expresión sin tener ni puta idea de lo que es la libertad de expresión? ¿Te ofende que piense que tu estilo de vida vegano es absurdo porque no va a conseguir que desaparezca el maltrato animal? ¿Te ofende que haga chistes con los más desfavorecidos porque tú no lo eres? ¿Te ofende que diga que es una vergüenza haber nacido en España? ¿Te ofende que me meta con tus creencias religiosas porque considero que rezarle a un trozo de madera es de chalados? ¿Te ofende que diga que la letra del himno de España que ha compuesto Marta Sánchez me ha hecho vomitar la cena? ¿Te ofende que me sorprenda porque Rosa Díez siga viviendo (políticamente hablando, claro… no te vayas a ofender)? ¿Te ofende que llame ‘negros’ a los negros y no “personas de color”?

¿Te ofende lo que escriba, diga o piense una persona que no conoces en absoluto de nada?

El propósito de la sátira consiste en traducir un objeto a otro inferior en sí mismo para conseguir estos tres sentimientos en los demás: odio, rebelión o aversión, desprecio y risa. Porque los que, como dice la sinopsis de Escenas de caza, tenemos “un sentido del humor particular” no buscamos que os guste lo que decimos o hacemos, no buscamos que te rías, no buscamos que estés de acuerdo… no somos humoristas.

Buscamos enfadarte, que no te guste y que te provoquemos incomodidad. Quizá eso es lo que, volviendo al teatro, le faltó a la obra de ayer: que la gente se levantase de su butaca antes de que acabase el espectáculo y abandonase la sala. Buscamos que puedas seguir contando chistes de Lepe, de mariquitas, de catalanes y de corte machista. Buscamos que puedas seguir escribiendo tuits con lo que piensas realmente y en el momento en el que lo has pensado, aunque no sea políticamente correcto, aunque se salga de la norma y aunque no le guste a Inés Arrimadas. Buscamos educarte, aunque no lo hagamos.

Buscamos que puedas seguir expresándote con total libertad.

Gracias Revista Mongolia, gracias Charlie Hebdo, gracias Querido Antonio, Facu Díaz, Gerardo Tecé, Cassandra, Zapata, Daniel Serrano… gracias a todas las páginas anti-dios de Facebook, a todos los perfiles de Twitter en los que salen pollas. Gracias Pérez-Reverte, Jordi Évole por tu #OdioSalvados de hoy que no he visto (pero que veré), Bertín, Hazte Oír… Gracias, Rajoy.

Gracias a todos los que, siempre, siempre y siempre, decís TODO lo que se os pasa por la cabeza. Aunque empiece por puta, coño, hostia o joder. Gracias a todos los que nos intentáis poner una mordaza porque os la vais a tener que meter por el culo.

Pd: si no te ha gustado el post de hoy, dos cosas: la primera, tienes un problema que te debes hacer mirar ya; la segunda, ME-IM-POR-TA-U-NA-PU-TA-MI-ER-DA.

#HumorAmenazado

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