Chubasquero

Ojo llorandoSeguro que te ha pasado alguna vez ese episodio en el que confías tanto en algo o alguien que ha acabado haciéndote un daño terrible.

Fuera por lo que fuera, esa decepción te deja dentro de tu ser un sentimiento de decepción profundo, una herida que piensas que será difícil de cicatrizar.

Después de sufrir esa herida, perdemos la esperanza de que se cure y de que nos podamos inmunizar frente a ese dolor. Y eso consigue en muchas personas que no vuelvan a confiar en nada por miedo a que otra decepción vuelva a producirnos esa herida en nuestra piel.

Acabo de leer en el texto de un psiquiatra que existe un estímulo denominado “efecto chubasquero” que habla precisamente de esto: “[…] cuando hemos dado lo mejor de nosotros mismos a nuestra pareja y nos ha engañado con otra persona, cuando somos completamente honestos con un amigo y nos clava un puñal por la espalda o cuando sufrimos el abandono de nuestros padres o familiares […]”. Aunque no sea exactamente ninguno de estos ejemplos el que te haya traído hasta aquí, seguro que sabes de lo que te hablo.

Diciéndolo de otra manera, lo que nos quiere dar a entender este “efecto chubasquero” es que en el momento en que comenzamos una nueva relación personal, emocional o laboral,  las expectativas se van formando y creando, y después aumentando. Y cuando hemos hecho que esas perspectivas sean muy altas y no cumplen con las mismas nos desilusionamos. O lo que es peor, nos frustramos y nos sentimos tristes o enfadados con el mundo. Y cuando la bola de nieve se va haciendo más grande aparecen el rencor, la rabia y el odio.

Por eso, mucha gente se pone encima un “chubasquero” para que les proteja de estas situaciones, del miedo a sufrir decepciones y, por tanto, acabar en un estado de rabia u odio.

Y cuanto más hemos sufrido, más grande es ese chubasquero.

La putada es cuando te pones el chubasquero y no llueve, porque no disfrutas de la vida. Por miedo a la lluvia evitas ponerte moreno cuando sale el sol. Pero es difícil desprenderse de él cuando todo el tiempo has visto sobre tu cabeza nubarrones, tormentas e incluso huracanes.

No sé cómo has llegado hasta esta página y por qué has decidido leer esto, pero este post no es un mensaje optimista ni esperanzador. Este texto no va a terminar con un consejo para desprenderte de ese caparazón para poder disfrutar de la cálida brisa que existe después de la tormenta. Esta entrada no va a servir para que te deshagas de tu depresión y digas “voy a dejar de encerrarme en mí mismo”.

Hoy no me apetece decirte que las cosas salen bien cuando te lo mereces. Hoy no voy a ayudarte a aliviar el dolor y la decepción que has sentido cuando estabas buscando este texto. Hoy voy a animarte a que sigas así y a que tires la toalla.

A veces, no nos toca otra que saber perder y asumir que lo que te pasa no es justo pero que no te queda más remedio que asumirlo y joderte. Y si te tienes que poner encima el chubasquero más grande del mundo, adelante, hazlo.

A veces es interesante tener pensamientos negativos que te ayuden a afrontar la vida como es: algo injusto que no te mereces pero con lo que vas a tener que convivir para siempre.

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