#LibertadTitiriteros

El viernes 5 de febrero se produjo en Madrid la detención de dos artistas que representaban una función de teatro erróneamente programada para público infantil por el Ayuntamiento de Madrid. Una mala interpretación de sus contenidos llevó a algunos padres a sacar de contexto algunas escenas de la obra de tal forma que algunos vieron apología y enaltecimiento del terrorismo donde lo que se representaba, precisamente, era una escena en la que se prepara un montaje policial para acusar de esos delitos a unos de los personajes de la obra.

Durante estos días, he estado leyendo informes, noticias, tuits y demás mensajes sobre este asunto en el que se veían todo tipo de tramas y opiniones. ¿Estábamos ante un intento más de que nos la intentaran colar a los ciudadanos? ¿Era un caso más de persecución, censura y mordaza? Pues parece ser.

Según los autores de la obra, “La Bruja y don Cristóbal”, dicho montaje “procura representar, bajo las figuras recurrentes de cuentos y teatros, la ‘caza de brujas’ al movimiento libertario que ha sufrido en los últimos años (…). La obra está protagonizada por una bruja, que representa a las personas de mala fama pública, y que se ve en la situación de enfrentarse a los cuatro poderes que rige la sociedad: la Propiedad, la Religión, la Fuerza del Estado y la Ley. La protagonista está en su casa y, en primer lugar, su vida es interrumpida por la aparición del Propietario, que resulta ser el legítimo poseedor legal de la casa donde vive. No existen monjas violadas; bajo la forma de los muñecos, los adultos podemos comprobar que el propietario decide aprovecharse de la situación para violar a la bruja y en el forcejeo la bruja mata al propietario. Pero queda embarazada y nace un niño. Es entonces cuando aparece la segunda figura: una monja, que encarna la Religión. La monja quiere llevarse al niño pero encuentra resistencia en la bruja y en el enfrentamiento la monja muere. Es entonces cuando aparece el Policía, que representa la Fuerza del Estado, y golpea a la bruja hasta dejarla inconsciente y, tras ello, construye un montaje policial para acusarla ante la Ley, colocando una pancarta de ‘Gora Alka-ETA’ sobre su cuerpo, que intenta mantener en pie para realizar la foto, como prueba. A partir de este montaje policial, surge la cuarta figura, que es la del Juez, que acusa y condena a muerte a la protagonista sacando una horca. La bruja se las arregla para engañar al juez que mete la cabeza en su propia soga y la aprovecha para ahorcarle y así salvar su propia vida”. El relato continúa pero esta es la esencia del mismo y donde se encuentra toda la polémica.

Como consecuencia, dos integrantes de la compañía son injustamente detenidos y acusados de un delito no cometido y, ayer sábado 6 de febrero, el juez Ismael Moreno ordenó su entrada en prisión incondicional y sin fianza. La ignorancia, la mala interpretación o la utilización perversa de todo para putear al político de turno con ideas contrarias a las tuyas no pueden poner en jaque la libertad de expresión. La obra nunca debió programarse como espectáculo infantil, y de eso deberán responder los responsables oportunos, pero nunca los autores o los intérpretes de la obra.

¿Está habiendo una persecución porque no nos gusta el contenido político de una representación teatral por su ideología o pensamiento contrario al de un espectador que se sienta ofendido? Nos guste o no, sea el tipo del humor que sea, que probablemente fuera de mal gusto, no se puede condenar por apología del terrorismo a dos personas que se encuentran realizando un montaje teatral que busca, curiosamente, denunciar este tipo de cosas. Si esto fuera así, ¿por qué no detuvieron en su día a Anthony Hopkins por interpretar a un caníbal? ¿Habrían detenido a Charlie Chaplin por apología del nazismo, al vestirse como Hitler, en la película El Gran Dictador? ¿Unas palabras sacadas de contexto son prueba suficiente como para encerrar a dos personas por realizar un montaje sarcástico?

Se tardó menos de dos horas en detener a unos titiriteros cuando en este país hay gente que todavía está en la calle habiendo robado a manos llenas. Se ha detenido a dos personas por representar una obra mal programada para niños pero no se hace nada contra el torero que torea con su hijo en brazos. Se puede haber cometido una gran torpeza (por parte de los programadores) por incluir una sátira no apta para niños (así clasificada en la web de los propios actores) en una programación infantil, pero encarcelar a los actores es dar la razón al contenido del texto.

¿Por qué se les encarcela ahora cuando son contratados por el consistorio de Manuela Carmena y no cuando fueron contratados por el PP en Granada? ¿Dónde está el cartel de “Gora ETA” del que hablan los medios (en el cartel ponía “Gora Alka-ETA”, un juego de palabras entre ETA, Al Qaeda y alkatea, alcalde en euskera)?

La sátira no es un delito y no se puede consentir tal atropello porque eso significaría que vivimos en un estado de autoritarismo terrible. Hay que defender la libertad de expresión, aunque no nos guste.

Os animo a firmar la siguiente petición en la web de Change.org, para pedir la inmediata puesta en libertad de los titiriteros.

Pd: dedico esta entrada a Raquel, mi lectora invisible. Intentaré volver a escribir más a menudo.

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