La confianza

La confianza

Todo es cuestión de confianza. Sin ella no podríamos vivir. Todo nuestro mundo gira alrededor de la confianza en los demás y en nosotros mismos. Cuando vas al médico para que te sane de tus males, pones toda tu confianza en que esa persona hará todo lo que esté en su mano para sanarte, en que te recetará las medicinas adecuadas para volver a tu estado de salud habitual. Cuando acudes a un restaurante, confías en que el cocinero habrá tratado correctamente todos y cada uno de los alimentos que quieres tomar. O cuando contratas a un gestor, asumes que utilizará todos sus conocimientos con diligencia para hacerte la vida más cómoda. Todo tu mundo gira alrededor de la confianza en los demás desde el momento en que naces.

Al nacer, inconscientemente estamos confiando en los adultos encargados de nuestra educación: nuestros padres, familiares y profesores. Esperamos absolutamente todo de ellos. Serán los encargados de elaborar la confianza en nuestro entorno: pueden apoyarte o por el contrario pueden acabar con tu autoestima, equilibrando o no nuestra futura personalidad.

Cuando somos más mayores confiamos en nuestros amigos: los que nos hacen reír, los que estarán con nosotros cuando suframos, los que nos contarán sus secretos y los que nos echarán un cable cuando lo necesitemos. Cuando tienes pareja confiarás en ella de manera profunda y perderás la confianza cuando esa persona te traicione o te falle; cuando te sea infiel o te engañe.

Cuando trabajes en un negocio, los clientes confiarán en ti porque no faltarás a tu palabra, porque no decepcionarás y porque cumplirás todas las expectativas que han puesto en ti. Y toda esa confianza se transmitirá de unos a otros; si uno confía en ti, muchos los harán. Si has perdido la confianza de uno, es posible que los demás sigan sus pasos.

Cuando acudes a las urnas a votar y traicionan tu confianza, el político acaba perdiendo su prestigio y su oportunidad para recuperar ese impulso mediático que le otorgaste. Cuando algún familiar o vecino juega con sus bienes intentando sacar un beneficio a costa tuya, destruye la confianza que ganó durante todo el tiempo que depositó en ti. Cuando la confianza se gana poco a poco, se convierte en algo estable y difícil de manipular. Cuando la confianza se altera lo más mínimo, se destruye a una velocidad tremenda y luego es muy difícil volver a construirla.

La confianza en tu pareja, la confianza en tus clientes, la confianza en tus políticos, la confianza en tus padres, la confianza en tus amigos, la confianza en toda la sociedad. Todos estos pequeños eslabones juegan un pequeño papel entre sus miembros, pero forman una gran cadena sólida en el conjunto en general. Y, como todas las cadenas, cuando un eslabón se rompe, se desencadena absolutamente todo.

La confianza es algo muy potente y poderoso. Es energía, es esperanza, es seguridad y es bienestar. Es fortaleza, es libertad y es estabilidad. La confianza es recíproca y hay que saber devolverla cuando nos la piden. La confianza es compleja y hay que saber utilizarla bien. En resumen, la confianza es una actitud nada egoísta.

Y cuando hablamos de la confianza en uno mismo, estamos tratando el mismo asunto pero con una relación mucho más compleja si cabe, porque estamos hablando de un eslabón que forma una cadena contigo mismo. Podría decir que la confianza en ti mismo es la convicción de que no nos vamos a fallar a nosotros mismos. De que vamos a conseguir con éxito algo que hemos depositado en nuestras propias posibilidades.

Y para eso, solamente hay un truco: enfocarte en conseguir el resultado que buscas. En hallar la meta que hizo que iniciaras esa búsqueda.

Todo esto no busca intentar demostrar a nadie que no confío en mí mismo, puesto que tengo un historial de resultados que hacen valer la confianza en mi propio ser. Sino que busca intentar contestar a una pregunta en la que la confianza puede menos que el miedo: ¿soy capaz de conseguir el 100% de todas las cosas que me propongo? No es una simple cuestión de confianza.

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