Envidia

Cielo abierto

Hace tres meses que no me pongo delante de ningún alumno a darles clase. Desde que terminé mis prácticas como voluntario en el gimnasio, no he vuelto a ponerme delante de ningún alumno a disfrutar del deporte, a hacerles sentir lo mismo que siento yo dentro del gimnasio, uno de los únicos lugares en los que, a día de hoy, me siento bien.

Durante estos tres meses, en mi gimnasio, he visto a mis profesores dar sus clases como siempre han hecho. No he podido evitar sentir cierta envidia (sana) al verles. Les veía dar sus clases y enseñar a sus alumnos, entre los que yo me encuentro, con la misma ilusión con la que lo hacía yo hace unos meses.

Enseñar a la gente es una de las cosas más maravillosas que he podido experimentar en mi vida. Poder transmitir lo que me enseñaron a mí es una experiencia única e increíble. Cuando empecé todo esto tenía claro el camino que debía seguir: quería devolver a la gente lo que me habían dado a mí. Esa pasión por el deporte, por la vida sana, por las ganas de luchar por conseguir un reto, por llegar a una meta. Quería demostrar que había muchas razones para luchar por lo que más se quiere. Quería seguir los pasos de quienes me ayudaron a mí.

Durante estos tres meses, mientras recibía clases por parte de todos ellos no podía evitar dejar de sentir esa envidia que os comento. No podía dejar de pensar en el mono que tenía por ponerme yo también delante de toda esa gente para disfrutar de esta experiencia maravillosa. Tenía ganas de que volviera el momento de disfrutar de la experiencia de dar una clase de fitness. Quería que volviera el momento de demostrar a los demás que sí se puede. Tenía ganas de volver a ponerme delante de la gente para sentirme bien sabiendo que estoy haciendo algo bueno. La envidia me corroía por dentro.

Mañana vuelvo a hacerlo. Mañana es el día en el que vuelvo a ponerme delante de unas personas ilusionadas por el deporte. Todavía no he encontrado trabajo en un gimnasio y a veces reconozco estar desesperado y sin fuerzas para luchar. Pero saber cuál es la meta es lo que me hace seguir, seguir y seguir. Mientras el sueño se termina de cumplir, sé que tengo unas poquitas personas en la universidad que van a seguir viniendo a mis clases y a disfrutar de ellas. Me consta que van a hacer el esfuerzo de venir incluso cuando no tienen por qué estar en su puesto de trabajo, y eso me ilusiona tremendamente.

Mañana venceré ese mono y volveré a ilusionarme con la decisión que tomé hace un tiempo. Sé que volver a dar estas clases va a hacer que mis ganas y mi autoestima vuelvan a renacer con fuerzas. Sé que es duro y que yo todavía soy un poquito vulnerable a ciertos estímulos pero también sé que me estoy preparando para superarlo todo.

Mañana volvemos al camino. A seguir luchando por ese sueño que todavía no se ha cumplido. A seguir apostando por un futuro que creo que me tengo más que merecido.

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Una respuesta a Envidia

  1. Alberto dijo:

    Otro post muy bueno, como ya nos tienes habituados.

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