Cuando lo que amas consigue repugnarte

Se cierra el telónHoy es un día en el que cierro un viejo ciclo. Como todos sabéis soy un apasionado del teatro. Desde que iba al instituto y hasta el día de hoy he participado activamente en varios grupos de teatro en los que he tenido el placer de disfrutar de cientos de experiencias y de interpretar a muchos personajes que tanto me han aportado.

La experiencia teatral es tan enriquecedora que es imposible describirla con palabras. Es imposible escribir o comentar en pocas líneas todo lo que puede llegar a darte este mundo. No hay forma de expresar las sensaciones, sentimientos y cientos de emociones que se sienten cuando sales de tu vida por unas horas y pasas a formar parte de la vida de otra persona: un personaje que has creado tú mismo de cero, basándote en el texto de un autor que ideó esa vida en papel y que decidió que fueras tú mismo el que se encargara de representar esa vida.

Durante mucho tiempo quise que la interpretación formara parte activa de mi vida, de tal forma que llegué a desear con todas mis fuerzas dedicarme a esta profesión de manera seria y formal. Deseé convertirme en un actor profesional y ganarme la vida metiéndome en el corazón de todos los que me vieran subido a un escenario o delante de una cámara. Pero este mundo está lleno de escollos y de palos. La vida de un actor no es un camino de rosas. Más bien diría que es un camino de espinas y de puñales, sobre todo de esto último. Es un mundo en el que los compañeros pueden convertirse de la noche a la mañana en enemigos. Y en una situación tan precaria en la que vivimos actualmente, ahora más que nunca, este trabajo se volvería mucho más precario de lo que ya es. Por eso mismo, un día decidí seguir adelante con mi carrera de ingeniero y olvidarme de mi profesión frustrada. Decidiría desde entonces seguir interpretando de manera amateur y dejar que esa vida tan difícil siguiera siendo una mera afición más. Con más peso que las demás, pero afición al fin y al cabo.

Hasta hoy. Actualmente, el grupo de teatro en el que participaba ha hecho que me replantee seriamente esta situación. Hace más de un año que no participo activamente en el mismo debido a estos asuntos que hoy nos reúnen aquí. El grupo en cuestión en el que he estado estos últimos años (perdonad que no diga el nombre, pero es que no me apetece en estos momentos) se caracterizaba por varias cosas, pero quizá, el principal característico del mismo siempre ha sido el odio. Nunca antes en la vida, durante el tiempo en el que he pertenecido a alguna compañía de teatro, he tenido que enfrentarme a esta clase de situaciones desagradables. Siempre que he estado dentro de un grupo de teatro, hemos sido un grupo de chavales apasionados por la interpretación, emocionados por contar y vivir historias, ilusionados por el mundo de las tablas y unidos por algo en común: la alegría. El placer de divertirnos haciendo lo que nos gustaba. Supongo que cuando un grupo de gente es tan grande y tan variopinto es normal que el carácter de unos choque con el de otros, aunque siempre se evita esta situación en todo momento. Y lo digo por experiencia, porque esta no es la primera vez en la que se da la situación que estoy viviendo.

Uno de los problemas que he vivido siempre en este grupo ha sido este. Nunca ha habido paz entre sus miembros. No sé si por envidia, por conflictos externos o por simples motivos personales, pero siempre ha habido una movida planeando sobre las cabezas de todos y cada uno de los miembros del grupo. Tanto es así, que la ilusión con la que se afronta el pertenecer a un grupo de gente que se junta para hacer teatro queda eclipsada por culpa de unos cuantos que solo desean la destrucción de todo lo que tienen a su alrededor. Decía Salvador Dalí en una de sus citas más conocidas: “que hablen de mí, aunque sea bien”. Quizá esto es lo que sucede en un mundo en el que la gente necesita la publicidad (positiva o negativa) para seguir adelante.

Después de semanas de aguantar los desmanes de un tirano personaje que quería ansias de protagonismo, he tenido que soportar una última prueba de paciencia que mi moral no ha podido aguantar ni un minuto más. Tengo que reconocer que esta persona me ha ganado la batalla y que mi conciencia no puede soportarlo más. Sí. Lo reconozco: ya no puedo más.

Lo que durante un tiempo fue lo que más amé ahora me repugna terriblemente. El teatro que tanto me ha dado durante muchos años, ahora solamente me provoca dolores de cabeza por no haber aprendido durante todos estos años que las palabras de quien no se lo merece no deben afectarme. Quizá he cometido el terrible error de seguir confiando en los demás y no solo en mí mismo, reto que me propuse algún tiempo atrás. Pero lo que no puedo permitir es lo que ha sucedido con una (ex)compañera nuestra. Es asqueroso solo pensar que una persona que tantas horas de teatro ha compartido con nosotros sea acusada públicamente y sin ninguna clase de respeto de ser una ladrona.

Siento decir que esto ha sido la gota que ha colmado el vaso. Nunca permitiré que piensen que alguien a quien conozco y por la que hubiera puesto la mano en el fuego sea capaz de robar dinero, falsificar un documento bancario, publicarlo en un sitio donde podrían corroborar que es falso y, sobre todo, pensar que todo esto realmente está pasando, porque entonces ya no solo se estaría acusando a alguien así de haber robado y falsificado pruebas, sino que se le estaría acusando de ser gilipollas. Lo peor de todo, es que casi nadie ha dado un voto de confianza a quien lo necesitaba, casi nadie ha podido pedir explicaciones antes de comenzar a difamar a una (ex)compañera y casi nadie ha tenido los santos cojones de pedir disculpas después de haberse dado cuenta de que han metido la pata hasta lo más hondo de la desfachatez y de la mezquindad.

Por eso mismo, hoy es el día en el que decido decir adiós a mi experiencia en el mundo del teatro. Lo que tanto me ha dado en esta vida finaliza hoy su camino principalmente por mi culpa; por no haber asumido durante todos estos años que este mundo está repleto de hienas dispuestas a sacar tajada de cualquier cosa que piensan que está por debajo de ellas. Es así de triste, pero hoy decido no volver a subirme a un escenario por nada del mundo. No necesito en mi vida sufrir semejantes faltas de respeto ni ver cómo acusan a alguien a quien realmente aprecio de unas cosas tan horribles y pensar que pocas personas han sido las que han dado la cara por una persona que realmente se lo merecía. Porque es de miserables y no de compañeros.

Siempre he sido de la opinión de que el mundo está lleno de gentuza; de auténticos seres sin conciencia ni moral dispuestos a pisotear a cualquiera que no piense como ellos. Pero me lo merezco, porque todavía no he conseguido aprender de la experiencia.

Espero equivocarme y algún día volver a encontrarme con este arte en mi camino, en otro lugar diferente a este, por supuesto. Pero a día de hoy ya no tengo ganas de soportar ni un minuto más la clase de vida que la gente que pertenece a todo este mundo sí está dispuesta a aguantar. Creo que no he nacido para ciertas cosas.

Así que pienso que es el momento de terminar con un ciclo. En cierta ocasión le dije a alguien que la vida es un camino de puertas que se abren y se cierran alrededor nuestro. Hoy se cierra una puerta detrás de mí y se abre otra con muchas expectativas. Y sobre todo, sin nadie cuyo principal hobbie sea destruir todo lo que tiene a su alrededor.

Lo dicho: hoy cierro el telón y se acaba la función.

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4 respuestas a Cuando lo que amas consigue repugnarte

  1. Pingback: “Imagínate que se lo queda cualquier indeseable; o peor aún, un catalán” | La Habitación de Daniel

  2. Alberto dijo:

    Aunque ahora, con mucha razón, prime lo negativo, espero que acaben aflorando en el recuerdo cosas positivas como Fickó. ¡Ánimo hasta entonces!

  3. aquel dijo:

    Si no querías decir el nombre del grupo, podías no haberlo etiquetado con “no es culpa nuestra” No te parece?

  4. show must go on.
    no dejes algo tan grande como el teatro por algo tan pequeño como algunas personas (otras son mucho más grandes que el teatro, a esas no las dejes por nada en el mundo).
    consejos vendo que pa mi no tengo.
    un abrazo

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