Semejante obviedad

Parece evidente la diferencia. Una mujer negra, sola, inmigrante, inculta, pobre y que se dedica a limpiar la mierda de los demás para poder sobrevivir. Él es blanco, poderoso, noble, influyente, millonario y que utiliza la podredumbre de los demás para crear su imperio. Aunque hay algo más que diferencia al uno del otro: que él necesita mentir y seguir ensuciando para defender su honor.

Mantiene que se encontraron en un hotel, en una de las lujosísimas habitaciones que tenía; a ella le apeteció y a él también y entonces decidieron que ambos tenían que divertirse. Ella le provocó, fue la responsable de todo. El sexo fue consentido y admitido por ambos. De esta manera, el ser poderoso convierte una acusación de violación, sucia y humillante, en un descrédito hacia su víctima. Esto me repugna porque es de cobardes. Es muy cobarde que uno de los hombres más poderosos del mundo tenga que descalificar a una pobre mujer trabajadora con sus mentiras.

Es humillante entrar en una habitación de una suite para cumplir con tu labor y encontrarte con un hombre desnudo que intenta violarte, pero más humillante es que este hombre intente por todos los medios impedir que la verdad salga a la luz porque muchos reconocemos las palabras de la víctima de Strauss-Kahn porque nos suenan cercanas. Reconocemos cuando nos comentan que alguien que dice estar por encima de nosotros utiliza su poder, su influencia y la fuerza para obligarnos a hacer cosas que no queremos.

Es asqueroso conocer que uno de los hombres más influyentes y con más poder del mundo se ha dejado llevar por sus instintos y por lo que tiene entre las piernas para cometer uno de los delitos más atroces de los que se puede acusar a nadie. El acusado dice sentirse tranquilo: repite que su víctima miente. Pero realmente no está tranquilo porque sabe que está en la boca del lobo. A lo mejor piensa que follarse a alguien a la fuerza no es tan grave como parece pero en realidad tiene miedo a que en las duchas de la cárcel otro de los presos le obligue a hacer lo mismo que él le obligó a hacer a aquella mujer. Al fin y al cabo una mamada tampoco es para tanto, aunque puede que comprenda, después de ser violado por un hombre, que desprestigiar a una víctima de abusos con cualquier excusa es asqueroso. Pero puede que sea necesario pasar por ese trago para descubrir semejante obviedad.

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2 respuestas a Semejante obviedad

  1. Pingback: Puedo estar equivocado | La Habitación de Daniel

  2. Alberto dijo:

    Habrá que esperar a ver qué dice la justicia americana, que con estas cosas no pasa una.

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