Dos horas con Natalia Millán

Ayer asistí a un velatorio, un brillante velatorio en el Teatro Reina Victoria de Madrid. La viuda, una Natalia Millán muy cambiada. Ya no es esa joven cajera que hace quince años protagonizó El Súper. Ha pasado mucho tiempo y Natalia se nota que ha sabido aprovecharlo.

Anoche, el Reina Victoria se transformó en una pequeña biblioteca en la que Carmen Sotillo consiguió meterse al público en el bolsillo. La conexión con todos nosotros fue total, desde el minuto cero. Una conexión que, según la gente, es mucho mayor desde que Natalia Millán está al frente de ese curioso velatorio.

Un monólogo que Natalia supo transformar en un auténtico diálogo entre la viuda y un difunto al que ni siquiera vimos, una persona que no podía contestarle, aunque todo el público allí presente consiguiéramos recibir esa respuesta de manera tan clara de labios de Natalia Millán.

Natalia supo comunicar todas las penurias que Carmen Sotillo tuvo que soportar: las sociales, las morales y las políticas, solo pudiendo ser superadas por el olvido, como la vida nos ha enseñado a todos. Era impresionante ver a la viuda de Mario sentada frente al féretro recordando una y otra vez a su marido, porque Carmen Sotillo no consiguió olvidar; un hombre que iba de progre pero que no tenía que haber dejado de ser un “simple catedrático”.

No me había enfrentado nunca de esta manera a esta historia de Delibes. Un diálogo entre dos personas bien distintas aunque estuvieran juntas. Un diálogo donde quedó perfectamente definida la personalidad y el carácter de los dos protagonistas de la historia: la viuda y el difunto.

Carmen Sotillo dedica toda la noche, cinco horas enteras, a reprocharle a su marido todo lo que no pudo hacer en vida, aunque desde el desconcierto de una persona que todavía no había conseguido asumir la realidad. Una noche llena de reproches, sentimientos, amargura y un leve sentido del humor que hizo que las “dos horas con Natalia Millán” se nos hicieran cortas. Dos horas que finalizan con el castigo de ver cómo su propio hijo continúa los pasos del padre. Pero lo más destacable de toda la función será siempre la mutación que sufrió Natalia Millán: una transformación que nos hizo olvidarnos para siempre de todos sus personajes. Un viaje al pasado protagonizado por una actriz llena de fuerza, de matices que llamaron mucho la atención de todos y con una personalidad y profesionalidad que quedará para siempre marcada con este trabajo.

¿Qué más os puedo contar? Nada. Solamente deciros que la obra se prorroga cada vez más y que no debéis dejar pasar la oportunidad de sumergiros en esta historia apasionante donde Natalia Millán consiguió brillar por encima de todos los pesares y penurias que durante esa madrugada Carmen Sotillo relató frente al cuerpo ya sin vida de su marido, Mario.

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4 respuestas a Dos horas con Natalia Millán

  1. Jorge dijo:

    ¿Alguna fotillo?

  2. Alberto dijo:

    Todo está dicho. ¡Suscribo completamente la opinión!

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