Adiós a la España del pitillo

Bogart fumandoAsí es como se titula la entrada de blog de Raquel P. Ejerique, periodista y directora adjunta de 20 minutos que hoy quiero poneros de forma íntegra.

Recuerdo cuando los pitillos se empuñaban como argumento de que habías dejado atrás las muñecas y mentías a tus padres, como debía ser en la tribu de los imberbes que juegan a las barbas. Te mirabas al espejo a ver qué tal te sentaba entre los dedos. Recuerdo caladas a escondidas -qué malo estaba- y comprar los cigarrillos sueltos en el quiosco que estaba al lado del instituto. Al quiosquero no le interesaba la edad que tuvieras. También me acuerdo de mi vecino Ángel, que murió de cáncer, y fumaba en el ascensor sin que nadie rechistara. Nunca fue orden del día en las reuniones de comunidad -el Sálvame prehistórico-. Y los trenes, con sus volutas de humo viajando a todas partes mientras el paisaje viajaba hacia atrás.

Hace poco, en las películas casi todos los guapos, los malos y los feos fumaban. Ahora sólo fuman los feos y los pobres. Las cafeterías de los hospitales también eran, anteayer, lugares llenos de nicotina, en este caso para matar el tiempo mientras se moría de pena. El cigarro era también compañero indispensable de los periódicos. Hacía de antídoto placebo ante el estrés del cierre. Montañas de colillas en ceniceros amontonados a su vez en colinas de papeles donde corrían los ríos de tinta. Toda una orografía informativa. No hace tanto que se amortiguaba la mala leche por el retraso de un vuelo con el crepitar del ascua en cualquier aeropuerto, sueltas las fieras, porque entonces no se habían construido las peceras para fumadores. Sólo han pasado unos años de esto. En el imaginario colectivo es ya casi ciencia ficción. Nos hemos civilizado. Nos hemos higienizado. Hemos convertido al cowboy de Marlboro en un incívico y a Bogart en un adicto.

Con la subida del impuesto del tabaco aún de cuerpo presente -que las empresas aprovechan para sisarnos algunos céntimos de más- y la prohibición de fumar en los bares, a partir del 2 de enero, se acaba de apuntillar el vicio. Y el mensaje que verdaderamente ha funcionado no ha ido destinado al fumador -deje de fumar-, sino a los fumadores pasivos –deje de aguantar-. A partir de ahora el ambiente de la discoteca no se va a ir contigo a casa. Y ya no habrá peleas con los comensales por la zona del restaurante donde reservas. Ahora vamos a fumar menos, incluso muchos vamos a intentar dejar de fumar, porque uno es uno y sus circunstancias, y estas nos son adversas. Quizás soy una conversa (los peores, se dice) pero veo sólo ventajas. ¿Y tú?

Creo que no hay más que decir.

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2 respuestas a Adiós a la España del pitillo

  1. Alberto dijo:

    Muy bueno. Es cierto que el fumar en el trabajo parece de ciencia ficción, y se abolió hace muy poco. Entonces las tabacaleras también pusieron el grito en el cielo, que si descenso de productividad por salir a la calle a fumar cada 5 minutos, mayor irritabilidad, etc. Como vemos, el mundo sigue girando, y cada vez con menos humos.

    • Jesús dijo:

      Por favor, ahora que aprueben una ley de prohibición , fabricación y distribución total de Tabaco, para que nadie pueda volver a ser engañado y estafado por los mismos que hacen las leyes.
      Reconozco que estoy enganchado al tabaco y que es difícil dejarlo, por eso pido que nadie, entre en este infierno que nos quema por dentro.

      ¡¡¡¡¡¡¡ PROHIBICIÓN TOTAL, NO MAS FABRICACIÓN DE VENENO !!!!!!!!!

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