Por la puerta grande

 
Soy de un pueblo pequeñito de Salamanca. Bueno, mi familia es de allí, porque nunca me he identificado con ese lugar. Por este motivo, he vivido muchas de las tradiciones de esa tierra, y las he podido ver de cerca. Creo que solamente fui una vez y no volví a repetir. Todavía era un niño y la estampa me desagradaba y me repugnaba a más no poder.
 
El espectáculo era elegante: no os lo voy a negar. Estaba todo decorado con una orquesta, una charanga, todos los aficionados con el pañuelo vuelto al cuello, las mujeres con mantones que les cubrían todo el cuerpo, las familias acompañadas por todos sus miembros, mayores y niños. Y después de esa experiencia todavía alucino cuando oigo a alguien decir que el animal no sufre: ¿cómo no va a sufrir un animal con una muerte tan espantosa? Con la muerte sufrimos, es lo que tenemos los seres vivos. ¿Quién es capaz de decir que el animal no sufre dolor, después de recibir tantos golpes y puntilladas por todas partes? Pero claro, allí, el toro es el menos importante, porque el que importa de verdad es el artista.
 
El torero va vestido muy elegante, con un traje de luces, como lo llaman. Un traje que esconde su cobardía. El toro antes de salir a la plaza es encerrado a oscuras, es golpeado con sacos de arena y los picadores se encargan desde los caballos de destrozarle el cuello para que solamente pueda mirar al frente. De esta forma, el valiente torero sabe que los pitones del toro solamente le podrán atacar de frente, así podrá arrimarse tanto al toro como para pasearle de una forma elegante, para el disfrute de todos y cada uno de los espectadores. La valentía de este señor y todo el arte que demostrará, servirá para que salga a hombros de la plaza por la puerta grande… y con el cuerpo y las manos manchadas de sangre.
 
Cuando eres un niño eres un ingenuo y no te enteras muy bien de qué va la historia. Pero cuando piensas las cosas te horrorizas terriblemente: es disfrutar de un espectáculo en el que se comete un crimen, un asesinato a sangre fría y en desigualdad de condiciones. Un espectáculo en el que se mata a un animal para hacer disfrutar a un público que no tiene otra cosa mejor que hacer.
 
Hoy es un día clave en la historia de España: hoy Catalunya votará si se prohiben las corridas de toros en la región. Y la gente se está quejando porque piensan que no debería prohibirse una tradición, pero también era tradición que las mujeres no salieran de casa, ni trabajaran, ni votaran, y también fue una tradición en España encarcelar a inocentes, maleducar a los niños en la intolerancia y quemar vivos a los herejes en las plazas de los pueblos. Todas estas tradiciones fueron prohibidas en este país, ¿por qué no prohibir esta otra clase de tortura? Tortura por la que, además, tenemos que pagar impuestos.
 
La gente que acuda a ver esos espectáculos de sangre y muerte deberían recapacitar porque todavía están a tiempo de ponerse a la altura de la moral de todos y no pagar por ver un horrible espectáculo en el que no todos salen contentos de la plaza, porque siempre habrá uno que saldrá perdiendo en la arena: el toro.
 
ACTUALIZACIÓN: Catalunya prohíbe los toros: El Parlament ha abolido las corridas por 68 votos contra 55 a partir del 1 de enero de 2012.
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Una respuesta a Por la puerta grande

  1. Alberto dijo:

    ¡Viva, viva! A ver si se generaliza a toda España, o se hace como en Portugal, donde no se mata al toro.

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