La amistad mal entendida

 
Es más habitual de lo que uno está acostumbrado a pensar pero la amistad ciertamente se sobreentiende como complicidad en la mayor parte de las ocasiones. El amigo es el que siempre está, el que no se va. El amigo es la palanca sobre la que te apoyas en diversas ocasiones para avanzar, para coger el impulso que a veces nos falta. Se necesita solo una llamada, un aviso, una petición, un socorro para que la palanca se ponga bajo tus pies para todo aquello que necesites.
 
Pero no todas las palancas son estables. Porque la amistad también es considerada por muchos otros como sinónimo de clientelismo: un toma y recibe, un do ut des. Una relación de reciprocidad y de interés muy poco recomendable. Una relación que escasas veces va acompañada de un abrazo, un beso o una tierna sonrisa.
 
Lo malo es cuando esta relación de reciprocidad resulta necesaria para mantener el engaño, para poder recibir el testigo primero entregado al otro. Qué duda cabe que la relación comercial existe en su totalidad abandonando por ende el concepto de complicidad, convirtiéndose la palanca en un charco de agua, en el que por muy rápido que te balancees, corras y pises, acabarás hundiéndote con todo el equipo.
 
Por eso mismo, lo mejor es no entrar en esos terrenos. Lo mejor es buscar esas palancas, estables, rígidas, uniformes. Robustas, como el verdadero concepto de amistad. Porque con el pretexto y la escusa de la amistad, un ser mezquino y ruin es capaz de hacer muchas cosas en contra de otros y a favor de sí mismo. Todavía no he encontrado un motivo concreto que lleve a ello, pero quizá lo haya, en el fondo de ese charco de agua sucia sobre el que pretenden que nos mantengamos a flote como sea.
 
La cruel y absurda codicia del lujo, del lucro y del honor será la que siempre lleve al amigo de la reciprocidad a cometer todo tipo de injusticias y a cubrir todas las palancas con ese agua sucia difícil de sacar. Pero no siempre es lo correcto, porque el que posee una mala acción siempre está acompañado por un sentimiento sucio, abominable y mediocre. Pero todos somos capaces de liberarnos de los grilletes de la mediocridad; de esa dura cárcel de los malos sentimientos que siempre intenta atraparnos a todos y cada uno de nosotros.
 
He ahí mi reflexión.
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Una respuesta a La amistad mal entendida

  1. Alberto dijo:

    Muy profundo y bien escrito.

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