“El cartero (segunda parte)”

 
Volvemos con la continuación del relato porno que os dejé a medias la semana anterior. ¿Os acordáis de cómo terminaron nuestro protagonista y el cartero? Bien, pues aquí tenéis la continuación.
Cambiamos de postura, ahora me tocaba a mí. Él se puso de rodillas detrás de mí y yo delante suyo, con mi culo en pompa. Comenzó a restregar su polla contra mi culo, como yo hice con él, hasta que se le puso dura. Después se la agarré y me la metí. El dolor era muy morboso… me estaba haciendo daño esa enorme polla dentro de mi culo. Por eso mismo, le sugerí que cambiáramos de postura. Me puse bocarriba con las piernas en alto. Era diferente, su polla comenzó a entrar mucho mejor. Comenzó a darme fuertemente, con rapidez. Con muchísima rapidez. Bajé mis piernas para poderme tumbar por completo, él hizo lo mismo hacia el otro lado, pero sin sacársela. La postura me moló mucho… estaba recibiendo su rabo en una dirección diferente que me proporcionaba más placer todavía.
 
De esta forma, yo también me podía mover, con lo que el efecto también resultó increible. Yo seguía haciéndome pajas. No había parado desde que me la metió por primera vez. Él se incorporó y me la sacó. Comenzó a correrse otra vez por mis huevos. Dejó toda mi polla y mis huevos llenos de lefa. Yo me la restregué muy bien por toda la polla, incluso por mi culo, para volverlo a lubricar para que me la volviera a meter. Y lo volvió a hacer. Yo la notaba más gorda cada vez. Cada vez que tocaba su polla la notaba más dura y gorda.
 
Cambiamos de nuevo de postura. Me puse a cuatro patas, para conseguir que esta vez, completamente abierto, no me doliera. Comenzó a metérmela rápidamente. Entraba con facilidad. Tenía el culito muy abierto. Con mi mano, comencé a acariciarle el pecho, tocándole los pezones. Esto hizo que comenzara de nuevo a aumentar la velocidad, al igual que lo hicieron mis gritos de placer. Cada vez estábamos más cachondos.
 
Él se acostó sobre mí, pero me la seguía metiendo y sacando sin parar. Mi culo estaba totalmente desencajado, su rabo entraba con una facilidad casi increible; no me dolía, cada vez me gustaba más. Mientras me seguía metiendo su rabo comenzó a besarme. Esto hizo que mi polla se volviera a poner dura. De vez en cuando la sacaba entera y la volvía a meter de golpe y hasta el final. Esto me destrozaba a la vez que me encantaba.
 
Seguíamos besándonos cuando noté algo resbalar por mis huevos hacia abajo: no era sudor, era su semen. Era el semen que salía de mi culo después de que él se corriera de nuevo, dentro de mí. Él siguió con su ritmo, metiendo y sacando, metiendo y sacando, hasta que se le bajó y la polla salió sola. Totalmente derrotada por el cansancio.
 
Comenzó a restregarla una vez más por mis huevos, volviéndose a mojar en su lefa… y me la volvió a meter por enésima vez. Yo ya no podía más. Me dolían las piernas de tanto y tanto rabo. Pero en esta ocasión la dejó quieta dentro de mí, mientras volvía a besarme en la boca.
 
Con la fuerza de sus enormes brazos, nos dio la vuelta y me puso sobre él, sin sacármela. Comencé a pajearme para terminar el polvo con otra gran corrida. Este polvo iba a ser la gran fiesta del semen. Me acarició el cuello, el pecho, los muslos, hasta que comencé a correrme. Y me besó de nuevo. Sé que me dijo algo bonito, pero ahora mismo no me acuerdo de qué.
 
Al correrme, su polla salió sola de mi culo. Toda mi leche comenzó a resbalar por mi pecho hasta mi ombligo, pero nos seguíamos besando. Pero todo había terminado, él tenía que seguir trabajando.
 
 – Vamos a bañarnos —le dije.
 – Sí, lo necesito.
 
Así que juntos nos metimos en la ducha. Fuimos todo el rato cogidos de la mano. Nos resultaba divertido ducharnos juntos, sentir cómo el agua chorreaba por nuestros cuerpos. Nos gustaba enjabonarnos el uno al otro mientras nos besábamos y nos pajeábamos. El uno al otro. Nuestras pollas volvieron a ponerse duras mientras nos tocábamos. Teníamos todavía un poco más de tiempo hasta que a él le echaran de menos en la oficina. Así que le besé en el cuello y seguí bajando… hasta su polla. Me la volví a meter entera en la boca. Estaba completamente dura y empinada al igual que comenzaba a ponérseme a mí. Me volví a levantar para besarle, hasta que nuestras pollas se juntaron. Y comenzó a pajearlas juntas. De vez en cuando él se agachaba y me la chupaba. En una de esas, mientras estaba de rodillas con toda mi polla en la boca, me corrí sin avisarle. Él seguía chupando y mi leche iba resvalando por su garganta.
 
A la vez comenzó a correrse él, por última vez. Su leche se fue por el desagüe al igual que la mía se había ido por su garganta. Algo de su leche había caído en mis pies y él la comenzó a lamer. Me lamió los pies por todas partes y fue uno de los momentos en los que sentí un gran placer. Él de cuclillas y yo apoyado en la pared, con uno de mis pies dentro de su boca. Sus carnosos labios lo recorrían sin parar…
 
Acabamos completamente agotados. Volvimos a la habitación. Él se vistió de nuevo con su uniforme y yo me puse el pantalón de mi pijama. Nos despedimos con un precioso beso.
 
 – Gracias, hasta luego —le dije.
 – A usted —se despidió muy formal.
 
Me volví a tumbar en la cama, a recuperar el sueño. Durante los siguientes días sentí una fiebre increible… la fiebre de las compras. Continué comprando de todo por Internet, artículos que nunca me habían hecho falta… Solamente porque sabía que sería él el que me los traería. Durante mucho tiempo, él entró a trabajar una hora antes, para poder traerme "mis paquetes" a casa y poder volver a disfrutar conmigo todo lo que vivimos aquel día.
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