“El cartero (primera parte)”

 
Volvemos con los relatos X. En esta ocasión, una agradable visita del cartero. Seguramente que nunca a nadie le ha gustado tanto recibir un "paquete". ¡¡Disfrutadlo!!
Soñé con el chico de mis sueños. No sé qué clase de sueño estaba teniendo, pero ya llevaba un rato medio despierto tocándome la polla con mis manos. La tenía totalmente empinada. Solamente unos pantalones de mi pijama la tapaban, dejando claramente y al descubierto una maravillosa erección.
 
Pero alguien llamó a mi puerta. El timbre de la puerta me terminó de despertar. Rápidamente me levanté de la cama y fui hacia allí sin darme cuenta del paquetón que me marcaban los pantalones del pijama. Al abrir la puerta me encontré con un chico moreno, de piel blanquita, alto y delgado. En sus manos traía un paquete: era el cartero.
 
Su primera impresión fue mirarme el paquete y sonreír.
 
 – Buenos días —le dije.
 – Buenos días —me respondió el chaval—. Vengo a entregar este paquete.
 
Toma ya, como en las películas porno. Supongo que ahora yo debía contestarle con "yo también tengo otro paquete" y tirármelo, ¿no? Pues no hizo falta. Él seguía mirándome el rabo marcado a través del pantalón.
 
 – Sí, claro, con mucho gusto. Pase. —Evidentemente le invité a pasar, aunque no me abrí mucho paso por la puerta, para que pasara rozándose bien contra mí. Parecía que el efecto había funcionado porque no me dejaba de mirar al paquete (al mío) y a la cara, directamente, como queriendo decirme algo—.
 – Me firma aquí, por favor.
 – Claro —le contesté—. Con mucho gusto.
 
Mientras que rubricaba en el libro de pedidos que él traía noté como algo comenzaba a rozarse en mi polla. Era su mano. Fue muy lanzado: me agarró la polla directamente. Tiré el paquete al suelo, y le besé. Eso fue lo único que nos dijimos.
 
Al rato, sin saber cómo, estábamos en mi habitación. Seguíamos besándonos. Yo le quité la camiseta. Tenía un pecho completamente depilado. Él me bajó un poco el pantalón y me tumbó en la cama. Comenzó a chuparme la polla. Me puse tan cachondo que decidí que nos desnudáramos por completo.
 
Completamente desnudos, me volví a tumbar en la cama y él volvió a meterse mi polla en su boca. Chupando rápidamente, una y otra vez, arriba y abajo. Empecé a ayudarle moviéndome yo también, para que le entrara bien en la boca. Comencé a pajearme mientras me la seguía chupando. Estaba disfrutando mucho, como nunca. La situación era muy morbosa. Me estaba tirando al cartero, como dicen aquellos que cuentan que las mujeres se tiran al butanero o al fontanero. Pero era distinto. Porque empezó él a insinuarse, siempre y cuando mi polla dura, apuntando hacia arriba, no quisiera significar eso.
 
Me la estuvo chupando durante un largo rato… Yo seguía disfrutando, cada vez más. Estaba llegando a eso que muchos llaman el clímax. Él comenzó a pajearse. Tenía una deliciosa y morena polla descapullada. Alternaba sus pajeos con los míos, consiguiendo que ambos disfrutáramos a tope.
 
Comencé a pajearme con una mano mientras me tocaba los huevos con la otra. Él sacó su lengua; sabía que me quería correr por toda su boca. Mi leche comenzó a salir, espesa, cayendo por su boca. Restregué mi rabo por su cara para que le quedara toda completamente llena de semen. Cuando terminé se la volvió a meter en la boca, para terminar de saborearla. Había sido una mamada extraordinaria.
 
Él se acercó a mí. Comenzó a besarme con toda su boca manchada. No me costó nada tragarme mi leche que estaba esparcida por toda su cara. Besaba tan bien que el momento se prolongó durante unos cuantos minutos hasta que se puso de rodillas en la cama y me la metió hasta la garganta. Sujetaba mi cabeza mientras metí su rabo con fuerza dentro de mi boca. Comencé a lamer su polla de arriba a abajo, terminando en los huevos. Sabía que le gustaba puesto que cada vez que me los metía en la boca soltaba un grito de placer indescriptible.
 
Su abdomen se contraía constantemente con cada sacudida de polla. Mientras tanto yo me comencé a pajear. Durante un rato seguía lamiendo sus huevos, hasta que se inclinó sobre mí y comenzó a correrse. Saqué mi lengua, aunque esto no evitó que la corrida, muy fuerte, saltara por todos lados.
 
Imitándole, comencé a lamer su capullo lleno todavía de semen para recogerlo todo en mi boca y dárselo a probar a él, como bien acaba de hacer momentos antes conmigo. Tenía una gran polla, larga, dura. Cada vez más dura. Desde que se corrió, ese rabo comenzó a tener un dureza increíble. Me costaba metérmela hasta el final. Dejé de lado su polla y le cogí del cuello para besarle con pasión, para que probara la leche que había soltado en mí.
 
Inmediatamente después, me levanté. Quería follármelo. Le tumbé en la cama, con las piernas hacia arriba y muy bien abiertas. Me acerqué a su culo y comencé a lamerlo con energía. Con mis dedos iba abriendo poco a poco su culito, muy cerradito y pequeñito. Me encanta chupar culos, sobre todo estos, que parece que no se van a abrir nunca. Mientras le llenaba el culo de babas, comencé a hacerle una paja. Él me siguió, bombeando ambos su enorme y dura polla.
 
Comenzó a jadear, estaba viviendo un momento muy especial junto a mí. Así que me incorporé, para besarle. Mientras lo hacía le restregaba mi polla contra su culo. Le giré y me tumbé detrás de él, los dos de perfil. Le seguía restregando mi polla, para que se pusiera bien dura. Y cuando lo conseguí, se la metí de golpe, sin piedad, hasta el final. Su culito, perfectamente lubricado con mi saliva, se abrió de golpe para dejar paso a mi dura polla.
 
El momento era una locura. Los dos gritando de placer en esa pequeña habitación. Sus jadeos seguro que los oían incluso los vecinos. Aceleré el ritmo cada vez más, para que disfrutara mucho junto a mí. Empecé a notar como me empezaba a correr dentro de su culo, así que se la saqué y terminé de correrme en sus huevos, en la misma postura. Él comenzó a echar la leche que yo le había dejado dentro. Después de correrme se la volví a meter, un poquito más. Él jadeaba más todavía ya que en esta ocasión le costó un poquito más; se me había puesto muy gorda después de la corrida.
De momento esto es todo por hoy. Si queréis conocer el final, tendréis que esperar una semana más. Hasta entonces… cuidaros y practicad buen sexo. Y recordad: seguro.
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2 respuestas a “El cartero (primera parte)”

  1. Christian dijo:

    Ji, ji, ji… Hala, a saco… Un poquito más de precalentamiento no estaría mal, para alimentar las ganas de que pase algo. 🙂 ¡Pero está genial! A ver cómo continúa…

  2. Alberto dijo:

    El cartero siempre llama dos veces, jiji.

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