“No perdidas. No tías”

 
Ahí va un nuevo relato; para esta fría noche de primavera. Vamos a subir un poco el tono de los anteriores para llegar a una historia como debe ser. Que lo disfrutéis en compañía o en solitario:
Solía frecuentar el chat muy a menudo. Pero yo no mandaba mensajes. Me parecía una gilipollez profunda gastarme pasta del móvil para conseguir que un par de tíos leyeran un mensaje que solo iba a permanecer en pantalla durante pocos segundos. Prefería fijarme en alguno que estuviera subidito de tono.
 
El chat era frecuentado, gracias a las imágenes de las películas, por tíos y tías heterosexuales totalmente salidos. Había muy pocos gays conectados, lo cual era bueno puesto que cuantos menos fuéramos menos competencia tendríamos a la hora de quedarnos con el primer tío bueno que apareciese.
 
Y tardó, pero al final apareció.
 
"Chico 31 años, fibrado, pasivo. Buscando similar. Manda SMS. No perdidas. No tías".
 
Perfecto: salió. Mañana era domingo; tenía toda la tarde libre para reventarle el culo a este tío. Buscaba alguien parecido. Por fin iba a ver rentabilizadas las horas de gimnasio, al que por cierto, me apunté para ligar y acabé sacando mucho provecho.
 
Pensé que tras mandar un mensaje no iba a conseguir nada, pero el tío me respondió con sus mismos métodos: un SMS. "Mañana a las 18h30 en la estación de Alcorcón". Me venía de puta madre. Desde Fuenlabrada eran solo 20 minutos. Él me esperaría a la salida en un deportivo negro: bufff, como promete.
 
Cuando llegué lo pude ver desde lejos, dentro de su coche. Efectivamente tenía la edad que aparentaba, o aparentaba la edad que tenía. Estaba rapado, lo cual le hacía un aspecto mucho más sexy. Me subí al coche sin pensarlo. Me dio la mano. Era tímido. Me dijo que era la primera vez que lo hacía, la primera vez que quedaba con un chico por SMS… casi no había estado con chicos, pero sabía lo que le gustaba.
 
Entramos en su casa. Pequeña pero acogedora, era un bajo. Tenía en la mesa preparado champán, pero no nos hizo falta beber para empezar. Siempre tardo mucho en empezar; hasta que le metes mano a un tío siempre tardas una barbaridad. No me costó besarle. Olía bien, tenía el afeitado muy depurado. Mientras le besaba le agarré de la polla. Era enorme… pero también era pasivo.
 
Creo que le llevé de la polla hasta la cama. Aquí le arranqué la ropa como pude mientras yo hacía lo mismo con la mía. Ya estábamos metidos en el tema. Se la cogí, no me cabía entera en la mano. Se la chupé como pude, lamiéndola de arriba a abajo, sin parar, viendo como disfrutaba, como se mordía el labio.
 
Daba gusto disfrutar de un cuerpo tan escultural, con músculos por todas partes, con un vientre totalmente plano, y con unos pectorales enormes.
 
Le seguía chupando la polla, cada vez la notaba más dura, y mientras fui bajando, sin dejar de acariciársela. Le lamí mucho los huevos, bajé hasta el culo, y comprobé lo que me estaba pidiendo: según se lo chupaba, su culo me pedía algo más… le introduje el dedo corazón, el más largo. Mi dedo entraba en su culo como su polla entraba en mi boca. Sin parar, siguiendo, aumentando la velocidad.
 
Me incorporé, y puse sus piernas en mis hombros. Estaba viendo desde otra perspectiva al tío más impresionante de la Tierra, el tío que estaba más bueno de todos los que me había follado. Le levanté un poco más, hasta que su culo rozaba con mi rabo. Se la metí, poco a poco… no le costaba nada. Primero la punta, después me iba moviendo lentamente… y por último, tiré de sus piernas contra mí. Le penetré profundamente, hasta que sentía que mi polla llegaba hasta el fondo de su culo. Estaba totalmente cachondo. Los dos lo estábamos.
 
Cambiamos de postura muchas veces. Pero siempre acabábamos en la misma. Creo que estuvimos más de tres cuartos de hora disfrutando el uno del otro. Nos tumbamos, cada uno al lado del otro, pero en distinta posición. Queríamos terminar a lo grande, con un 69. Él se puso encima de mí.
 
Me la chupaba divinamente. El movimiento de sus labios, de su lengua y de sus manos a la vez estaba consiguiendo que terminara cuanto antes. Pero él también estaba listo. Lo sentía con el calor de su rabo dentro de mi boca. Faltaba muy poco, menos de lo que él se podía esperar.
 
Lancé un gemido de placer y los dos, a la vez, nos corrimos en la boca del otro, como si el mundo estuviera a punto de acabarse. Pero no se iba a acabar. Esa noche iba a durar más que nunca. Volví a sentir sus pectorales, pero esta vez bajo mi cara: soñé con él, dormí con él, sobre él, abrazado a él durante toda la noche.
 
Sabía que no le iba a volver a ver. No quería que ese olor me abandonara. Por eso también disfruté de él mientras soñaba… mientras los dos juntos compartíamos nuestro sueño en común. Ese sueño que quedará para siempre en mi recuerdo.
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Una respuesta a “No perdidas. No tías”

  1. Alberto dijo:

    Sí que ha subido de tono jeje.

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