Tú mátame que yo grabo

 
Fotogramas de 'Quarantine', 'El Proyecto de la Bruja de Blair' y 'Monstruoso'.
 
Es la (pen)última moda del cine de terror: recrear un asesinato a través de los ojos (en este caso la cámara) de la propia víctima. Una propuesta muy adecuada a estos tiempos de YouTube y vídeos recogidos con móvil, pero también heredera de títulos inolvidables y de las presuntas snuff movies (filmación de crímenes reales) de hace unos años.
 
El último de estos filmes "en primera persona" es Quarantine, versión estadounidense del [REC] de Paco Plaza y Jaume Balagueró. Quarantine, que se estrenará en España en enero (se llamará Cuarentena), ha conseguido el segundo lugar de recaudación en su primer fin de semana en las salas de EE UU. Ambientada en Los Ángeles pero casi calcada a la original española, narra las peripecias de un equipo de televisión al llegar a unos apartamentos para cubrir un extraño suceso. Como en [REC] la acción es trepidante y el vaivén de la cámara, inagotable.
 
Imagen de 'Holocausto caníbal'.
 
Una propuesta tan de moda como poco novedosa. En 1980 el mundo se escandalizó con Holocausto caníbal, orgía de violencia y sexo que llegó a venderse como real. Filmada en la selva amazónica, recreaba la historia de unos jóvenes desaparecidos de los que sólo son recuperadas unas grabaciones. Éstas dan fe de sus ‘hazañas’ (bestialidades varias contra fauna y población local) y de su brutal fin a manos de unos indígenas antropófagos.
 
Casi 20 años después apareció El Proyecto de la Bruja de Blair, sorprendente éxito de 1999 y uno de los primeros ejemplos de cómo publicitar cine independiente en Internet. Con una historia similar a Holocausto caníbal, ocho días de rodaje y un guión casi inexistente, fue comparada por algunos críticos entusiastas con Psicosis o Tiburón. The Last Broadcast, estrenada apenas un año antes y con un argumento casi calcado, pasó sin pena ni gloria.
 
Imagen de 'El diario de los muertos'.
 
Es en los últimos tiempos cuando temblorosas cámaras en mano inundan los cines. La británica The Zombie Diaries (2006) narra una plaga de muertos vivientes. La original American Zombie (2007) iba más allá: fingía ser un documental en el que los zombies hablaban de sus problemas para integrarse en la sociedad. Hasta el legendario George A. Romero, autor de La noche de los muertos vivientes (con la que todo el género está en deuda) se subió al carro con El Diario de los Muertos (2007), que sigue con bastante humor a unos estudiantes de cine que ruedan el ataque de los muertos vivientes.
 
Si la mediocre Welcome to the Jungle (2007) trasladaba Holocausto caníbal a la jungla de Nueva Guinea, Monstruoso (2008) mezclaba este estilo fílmico con el ‘cine de monstruos’. La grabación de una fiesta termina convirtiéndose en la crónica amateur de la devastadora llegada de una destructiva criatura a Nueva York. Con una cámara aún más mareante que la de [REC], la película supuso otro éxito de su productor, J.J. Abrams, uno de los creadores de la televisiva Perdidos.
 
El filón sigue abierto: entre otras, en los próximos meses llegará [REC 2]. Otro ejemplo de una fórmula que, además de aportar algunas novedades al género, le sirve a algunos para filosofar sobre la violencia en los medios de comunicación y el morboso empleo de las nuevas tecnologías.
 
Asesinos con cámara al hombro
 
Imagen de 'Henry, retrato de un asesino'.
 
Son muchos los asesinos cinematográficos que, a sus crímenes, suman una incontrolable pasión por la imagen. El clásico británico Peeping Tom (1960) presentaba a un joven que, armado con una cámara, grababa la postrera expresión de sus víctimas justo antes de morir. En Henry, retrato de un asesino (1986), el protagonista y su secuaz Otis descubren que grabar sus tropelías las hace todavía más divertidas. La belga Ocurrió cerca de su casa (1992) era un falso documental en el que un equipo de televisión acompaña a un asesino en serie. Todavía sin fecha de estreno, la interesante The Poughkeepsie Tapes (2007) refleja el descubrimiento policial, en una casa abandonada, de más de ochocientas cintas llenas de torturas y desmembraciones. Sin embargo, el culmen del género es la serie japonesa Guinea Pig, de la que se afirmaba ser sólo algunas de las cintas grabadas por el psicópata Tsutomu Miyazaki. Son tan desagradables que, tras ver la segunda de ellas, el actor Charlie Sheen contactó con el FBI para denunciar los crímenes que estaba contemplando en pantalla, para él reales.
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Una respuesta a Tú mátame que yo grabo

  1. Alberto dijo:

    Me ha parecido muy interesante. ¡Gracias!

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