Homosexualidad: Los diversos reflejos del amor

 
Beso entre dos hombres
 

El amor es reflejado en todo tipo de ser humano, no importa si es negro, blanco, pobre, rico, gordo, flaco, feo, guapo, heterosexual, homosexual… En tanto, ¿la sociedad conoce el fondo de la diversidad sexual para emitir un juicio razonable? Simplemente, la ignorancia ha sido durante mucho tiempo su arma letal, que daña y asesina.

Mil veces hemos oído hablar de una manera tajante, fría, denigrante; y hasta cruel e insensible, de los hombres que deciden mantener un apego sentimental hacia otros de su mismo sexo.

Un sin fin de realidades que solo hacen que el contexto homosexual se deshonre y comience a tomar la dirección inversa a la real. Porque la mala fama viaja de boca en boca; pero también de hechos tras hechos.

Ayer y hoy, las cosas que suelen romper con lo común a lo ya establecido por una “sociedad” interesada y secuestrada por reliquias costumbres, son enjuiciadas por la forma sin importar el fondo.

La discriminación existe; aunque no como antes. Sin embargo, emerge en los sitios menos esperados. Incluso con las personas más inesperadas. Porque la discriminación va desde la familia, los amigos, hasta de los compañeros de trabajo y de los extraños.

Pero al enjuiciar a estos hombres, quizá se han preguntado ¿quiénes son?, ¿porqué lo son?, ¿qué sienten entre sí…? ¿No, verdad? Pues el entorno es otro al que se ha conocido o se ha enumerado.

La gente hace lo que el otro piensa que debe de ser. O si alguien dice que los homosexuales son unos condenados, la demás gente lo va a creer. Y esto es generado por la misma ignorancia con la que enjuician otros escenarios.

Las formas de vida y el disímil desenvolvimiento de las personas en su entorno social, hacen que provoque un choque y estructure una movilización en torno a ello. La gente no quiere prepararse para ampliar su horizonte cognitivo. Prefiere mantenerse en un letargo que destruye a similares: seres humanos.

Todo mundo sabe que el ser humano es distinto entre sí. También que su representación activa, personalidad, roles, su conducta y hasta sus gustos son parte esencial y de carácter privado del mismo hombre.

Una de estas conductas, que sin duda es una génesis propia, no solo de esta época; sino desde hace ya varios siglos atrás, es así como la sociedad ha estereotipado a la homosexualidad como una conducta irracional, irascible, despegada a lo “natural”.

El apego mudado a otro ser del mismo sexo, ha sido motor de muchas discusiones para la opinión pública, las esferas sociales de cada nación; y sin descartar un vínculo importante para que no sea aceptada esta forma de vida, la iglesia. Para el aspecto social se ha mantenido un parte aguas.

Unos, sí la aceptan u optan por el respeto; y otros, la desprecian, la enjuician o se inclinan por deshacerse de todo indicio a ello (homofobia). Siempre con los enigmas de ¿cómo integrarlos a la sociedad?, ¿cómo entenderlos?, ¿cómo respetarlos?, e infinidad de lineamientos que trazan el círculo de la personalidad humana. Muchos (y en la mayoría de las veces) creados por la misma sociedad.

La historia lo refleja como mejor le conviene

Remontándonos a siglos atrás, haciendo una y otra vez recovecos por la historia, están un sin fin de leyendas que sitúan a la homosexualidad como una actitud ya nacida desde ese entonces. Pero también como una acción que necesitaba ser castigada por la barbarie con la que operaba.

Una tan marcada es la de la catástrofe que cayó a los habitantes de Sodoma y Gomorra del Génesis XIX, 1:

“La historia comienza en el momento en que los enviados de Dios (dos ángeles celestiales, bien parecidos) llegaron a la ciudad de Gomorra (habitada por personas jóvenes, maduras y viejas —la mayoría hombres—). Los ángeles agotados se aferraban a pasar la noche en una plaza de la ciudad…”

“…Lot (sobrino de Abraham), quién los recogió a su llegada, les insistió en ir a su casa, en donde les preparó comida y los recibiría como huéspedes especiales. Se llegó el anochecer, los hombres del poblado cercaron la casa de Lot y le pidieron a voces que les entregará a sus visitantes para profanar de ellos en una manera sexual. A su insistencia, el anfitrión les propone un trueque: entregarles a sus dos hijas —quienes eran vírgenes aún— con el firme compromiso de dejar en paz a sus acogidos…”

“…Al no aceptar la propuesta, los vecinos tiraron bajo presiones a Lot, prometiéndole que no solo violarían a los ángeles, sino a él de igual manera al poner resistencia. Al observar lo sucedido a las afueras de la casa, los ángeles hacen uso de sus poderes divinos en dirección a los inquietos sexuales, dejándolos ciegos para que no pudieran hallar la morada…”.

“…Al día siguiente, a primera hora, los ángeles advierten a la familia de Lot que tienen que marcharse, ya que la ira de Dios está por caer sobre los hombres de ese pueblo, por sus pecados. Con un cataclismo de llamas de fuego y lluvia de azufre quedaron castigados los habitantes de Sodoma y Gomorra”.

Cada quien interpreta las fábulas de la Biblia como mejor le conviene, de acuerdo a sus intereses propios, nunca en base a los extraños. Sin embargo, la iglesia ha hecho y desecho las interpretaciones de la biblia a su antojo, para así conseguir una manipulación absoluta.

Lo que sí es pertinente mencionar, es que la Biblia, en ningún momento, rechaza el amor entre hombres. Y es como no solo se relata historias acerca de los castigos de Dios hacia los homosexuales. También las hay sobre compromisos de amor. Como lo fue el de Jonatán (hijo del rey Saúl) y David (quien derroto al gigante Goliat).

La Biblia narra esta fábula de amor entre personas del mismo sexo, jurándose amor ante Dios hasta la muerte. Y así fue, la muerte rondó por un tiempo, hasta que descansó en manos del corazón de Jonatán, esto bajo la violencia de los filisteos. Con el dolor acogido en el alma de David escribió un poema, en el que menciona en una frase su amor a Jonatán “…tu amistad era para mí más maravillosa que el amor de las mujeres”.

Muchos años después, las historias siguieron germinándose, dejando estelas en el camino histórico. Como las del gran adonis Alejandro Magno (356-323 a. C.) — Alejandro, el hermoso, como así le solían llamar— con Hepheastion y Bagoas. Magno, rey de Macedonia, hijo de Filipo II, sometió a Grecia, conquistó Egipto, donde fundó Alejandría.

Mil y una historias más sembradas en la historia de nuestros antepasados, como la de Julio César y Nicomedes. Juan Alejandro de Normandía y Enrique III de Valois de Francia. Hasta la de Hitler con Hermann Goering (de la Fuerza Aérea Alemana) y Albert Speer.

En la época de los romanos, muchos reyes, soldados, en general, mantenían una estrecha relación íntima con otro hombre, aún cuando alguno o ambos (de los involucrados) estuvieran casados con una mujer. En la mayoría de las veces les ocurría a hombres de 45 a 55 años de edad, que evocaban su atención sexual a otros hombres jóvenes de entre 20 y 35 años.

En los siglos en que la literatura tuvo su mayor auge, los escritores, novelistas, filántropos (en el grueso de ellos) eran homosexuales. Sin embrago, no fue un obstáculo para que se convirtieran en parte de la historia por su gran aportación literaria. Y que en el caso de los grandes historiadores de novelas, o poetas, dejaron un gran legado, tras la escritura que en su momento fueron inspirados por otro hombre.

Personalidades célebres

Entre otros casos muy celebres, que no tienen que ver con los espectáculos; simplemente de figuras en la historia del mundo como en el deporte: Greg Luganis, Ian Thorpe, Matthew Mitcham que se declararon abiertamente homosexuales.

Pero si de los famosos artistas se trata, por qué no mencionar al polémico George Michael (cantante); o Sir Elthon John; Freddy Mercury, Rupert Everett (La boda de mi mejor amigo); Pedro Almodóvar (director español de cine); entre muchos más que se han consolidado como iconos de la industria discográfica o de la meca del cine.

Con todo esto, se nos abre un panorama más extenso y enriquecedor de lo que es la burbuja que encierra el entorno homosexual, la comunidad gay. Para las personas que, quizá, no tienen la menor idea de por qué se creo ésta diversidad sexual, emiten un juicio mal intencionado, tal vez, mal dirigido hacia que si es un mal congénito, una desviación hormonal, enviados del demonio, y un sin fin de adjetivos que califican a personas que solo son seres humanos que sienten y que aman como los demás “normales”.

Son hombres y mujeres que forman parte de la otra representación del amor, que tienen sentimientos y que lo único que los diferencia de los heterosexuales, es que aman a alguien de su propio sexo. Simplemente, el amor entre diversos reflejos.

Israel Mendoza Torres

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