“Yo no soy homófobo pero…”

Si eres LGTB esa frase te suena, como también aquellas otras del tipo “si yo tengo muchos amigos gays”. Pero sí, sí que eres homófobo aunque no lo sepas.

El otro día compartí un vídeo en mi perfil de Facebook donde se mostraba a dos hombres besándose en plena calle y el resto de viandantes les miraban y negaban con la cabeza, se reían, miraban raro, les grababan con el móvil… El vídeo finalizaba con la frase “Necesitamos más besos”.

Aquí tenéis la versión completa del vídeo perteneciente a dicha campaña:

Sí, todas esas personas que salen en el vídeo son homófobos (o LGTBófobos, usando la expresión más amplia del término). Por eso, he decidido escribir este post para demostrarte si eres homófobo o no. Es tan fácil como que respondas a estas preguntas:

  1. Hemos conseguido que no te moleste que nos casemos pero, ¿te molesta que tengamos hijos?
  2. Sabes que entre nosotros existe mucho amor pero, ¿te incomoda o te llama la atención que mostremos afecto en público?
  3. Sabes que en junio se celebra el día del #OrgulloLGTB pero, ¿piensas que habría que celebrar el día del “orgullo hetero”?
  4. “¡Maricón!” es una expresión que algunas veces se usa para ofender a alguien. ¿Alguna vez la has utilizado?
  5. Seguro que desde hace tiempo te has dado cuenta de que en las series y películas hay muchos más personajes LGTB. Pero, ¿piensas que hay demasiados?
  6. Seguro que muchas personas LGTB llaman mucho la atención con su aspecto, gestos o forma de ser. ¿Piensas que deberían ser más discretas?

Pues bien, si has respondido ‘sí’ a la pregunta 1: eres homófobo. Piensas que no podemos tener hijos porque les vamos a enseñar “conductas gays” y que acabaran siendo gays. Estate tranquilo: nosotros somos hijos de padres heterosexuales y no somos heterosexuales. Ni asexuales: también existen niños de padres o madres solteros.

Si has respondido ‘sí’ a la pregunta 2: eres homófobo. Sé honesto. Te molesta que nos besemos en público, como en el vídeo, pero tú te crees con total derecho y libertad de hacerlo dónde y cuándo te dé la gana.

Si has respondido ‘sí’ a la pregunta 3: eres homófobo. En lugar de quejarte por no tener un día del “orgullo hetero”, da las gracias por no necesitarlo. Las marchas del Orgullo son una reivindicación para tener los mismos derechos que el resto de la población y para que dejen de perseguirnos y hasta asesinarnos.

Si has respondido ‘sí’ a la pregunta 4: eres homófobo. Llamar a alguien “maricón” para ofenderle (por ejemplo, al árbitro de un partido de fútbol -¿te suena?-) es homofobia. Esa palabra se usa contra el colectivo LGTB para denigrarlo y usarla refuerza esa idea de que lo peor que le puedes decir a un hombre es que es gay.

Si has respondido ‘sí’ a la pregunta 5: eres homófobo. ¿Hay muchos gays en la tele? ¿Y cuántos heteros hay? Muchos más. Sé realista. Somos muchos y siempre hemos existido.

Si has respondido ‘sí’ a la pregunta 6: eres homófobo. Si piensas que alguien LGTB debe ser más discreto con respecto a su condición, ¿por qué no lo hacen también lo heteros? La heterosexualidad se ha normalizado: en anuncios, conversaciones, empleos… Si los homosexuales no tienen por qué pregonar constantemente que lo son, ¿por qué los heterosexuales sí? ¿Por qué no normalizar algo que es normal?

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La magia de un abrazo

¿Nunca has querido expresar algo importante y no encuentras la forma de hacerlo? Transmitirle a alguien todos tus sentimientos más limpios sin pasar vergüenza o ese mal trago de tener que decir ciertas cosas.

Seguro que sientes mucho cariño por esa persona a la que no le dices lo que sientes porque nunca lo hiciste antes o porque la sociedad penaliza ciertas demostraciones de amor entre algunas personas.

Estoy convencido de que amas con locura a alguien que siempre ha estado ahí pero nunca te has atrevido a decírselo claramente. Y seguro que no has probado la herramienta que puede hacer que todas estas sensaciones se transmitan tal y como buscas: dando un abrazo.

Puede que en algunas situaciones, el abrazo no sea la solución o la alternativa a esas palabras, pero la magia que desprende es impresionante. Un abrazo alivia nuestro sufrimiento, recompone nuestro cuerpo de los golpes y consigue calmar nuestra mente al demostrarnos que esa persona que te da el abrazo estará ahí para siempre.

Algunos abrazos son el mejor refugio del mundo cuando tu vida se está partiendo en pedazos. A veces, cuando surgen porque sí, tras una mirada, son una caricia que llega hasta el fondo de nuestra alma. Otras veces, el abrazo nos ayuda a demostrar ese cariño que tanto nos apetece dar pero que no siempre nos atrevemos a demostrar en público.

Un abrazo es el mejor medio de comunicación del mundo para expresar cariño, consuelo, fraternidad y felicidad. Un abrazo es un recuerdo que se llevará esa persona a la que no podrás mirar a los ojos durante un largo periodo de tiempo.

Un abrazo es el agradecimiento a esa persona que te conoce más que tú mismo. Y ése es el abrazo que más me gusta a mí: el que está repleto de felicidad, armonía, hermandad. El que hace que se te caiga a los pies todo el mundo y te quedes vulnerable frente a esa persona. Un abrazo es un pequeño detalle que vale mucho más que el oxígeno que respiras. Un abrazo es un lenguaje secreto lleno de complicidad.

Hoy es #Mi34Cumpleaños y esta tarde recibiré los abrazos de esas personas que significan más para mí. Los abrazos de esas personas especiales que te cambian, que te entienden, que te van visto evolucionar, hundirte y resurgir. Esas personas frente a las que te has desnudado, y no solo simbólicamente. Por mucho que no queramos, hoy es un día para que abracemos y nos dejemos abrazar.

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Los restos de Paco

Franco con cara de muertoYo creo que a todos (o por lo menos a la gente que está bien del tarro) nos parece básico que los restos de Franco deben abandonar el Valle de los Caídos ya. Demasiados años hemos tardado en sacar de ahí a esa momia (y mejor dicho que nunca). Parece bastante inaceptable dedicarle un mausoleo, que nuestros muchos millones de euros nos cuesta mantener, a un asesino que mantuvo durante 40 años humillada y sometida a nuestra nación, esa de la que tantos se llenan la boca.

En concreto, gastamos casi 2 millones de euros al año (gastos de personal, servicios y la subvención que se lleva la abadía, entre otros) en mantener abierta esa cripta donde están enterrados unos huesos que ya no valdrían ni para echarlos al cocido de los domingos.

Mientras el mes pasado estaba en la playa de vacaciones, los hashtags #ArribaEspaña y #ElValleNoSeToca eran trending topic en Twitter y Pérez-Reverte declaraba que se la bufaba lo que pasara con el cadáver de Franco. Como si lo despluman, llegó a decir haciendo referencia a ‘vaya usté a saber qué’.

Sin embargo, y como diría nuestro ex presi, no es cuestión menor sino más bien es cuestión mayor que tengamos una opinión bien sólida de por qué los huesos del caudillo deben acabar en el cubo de color verde, el de la basura orgánica.

Para empezar, por ser justos con la historia. Tenemos a un mamonazo enterrado con honores en un lugar donde nunca faltan flores frescas y fachas que acuden con sus niños a alabar la figura de este tipejo, que ya me daría a mí puta vergüenza. Porque para ser justos con nuestra historia, deberíamos enterrar el asunto de una vez para que ese enano momificado deje de dividir nuestro país 40 años después de su muerte.

Porque en ese mismo lugar donde está enterrado ese dictador (y el otro, no se olviden) también están enterrados los cuerpos de más de 30.000 personas que fueron esclavizadas por ese señor para construir el mausoleo donde después quedaría enterrado huesitos. Es más, el propio Franco dijo que ese mausoleo nacía con la intención de “rendir tributo de admiración a los que les legaron una España mejor”. Supongo que esos pequeños fachas de 7 años repeinados que acuden con sus padres a hacerse fotos a la tumba del abuelo Paco, no necesitan saber que ese ser al que tanto admiran sus progenitores destruyó nuestro país y enfrentó a unos y a otros… y que lo sigue haciendo después de muerto.

Porque lo que pasa en España es impensable en otra democracia de occidente. Ningún dictador está enterrado con semejantes adornos ni existen fundaciones con su nombre subvencionadas con dinero del Estado. Dinero que sale de los impuestos de, entre otros, las víctimas de la momia.

También hay que hacerlo para que los defensores de que dejemos las cosas como están cierren su bocaza de una vez. Para que dejen de decir que bebemos agua del grifo gracias al dictador o que fue ese asesino quien creó la Seguridad Social.

Sacar ese cadáver de ahí es una deuda moral que tenemos con la razón y la ética. Tiene que servir como mensaje a toda esa gente que, nostálgica de aquella época, quiere seguir imponiéndonos lo que piensan a los demás. Tiene que ser un mensaje claro en el que les digamos que al desenterrar a Franco buscamos enterrar todo ese dolor.

Tampoco podemos suponer que ese lugar sea un lugar en favor de la paz y la reconciliación, como quieren muchos, mientras siga estando en el centro de dicha basílica la tumba de un dictador.

También es importante exhumar a Paquito para que podamos colocar realmente en su sitio a todos esos individuos que no parecen tener clara una postura sobre el caso. Dicho de otra forma: para quitar caretas. A algunos se les quedará la misma cara de fascistas histéricos sinceros y a otros se les quedará cara de hipócritas tras haber perdido la oportunidad de quedar bien de cara a las próximas elecciones.

A quien no le parezca que debemos sacar al dictador de su tumba para llevarle al lugar más oscuro de la historia, no sé por qué sigue visitando un sitio como este.

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El feminismo ilustrado

Embarazo

Hoy publico un artículo sacado de Diario 16 titulado El feminismo ilustrado. Está escrito por Marietta Tornamira y deja muy clara mi postura sobre la Gestación Subrogada. Tenía pendiente escribiros sobre ella, pero no voy a escribir mejor algo que está perfecto en este artículo.

Solamente me gustaría añadir al mismo que estoy cansado de escuchar, como hizo Sandra Sabatés esta semana en su programa, opiniones de gente que no se ha informado. Gente que necesita ser la novia en la boda y la viuda en el funeral. Personas que dicen que entienden perfectamente otras culturas y formas de vida pero que no se lo aplica cuando quieren hablar de la nuestra.

Ya está bien de gente que quiera ir de estandarte de todo el mundo y que hable por el resto de la gente. No es posible que unas pocas personas quieran hablar por todas. Estoy harto de generalidades, como este nuevo feminismo al que solo pueden pertenecer mujeres y que te insulta o te hace de menos si no sigues las reglas que ellas mismas han inventado.

Ahí va el artículo:

Soy feminista desde que tengo uso de razón, feminista de las de siempre, de las de diccionario, de las que defienden que “las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres” (definición número 1 de la RAE del término feminismo), sin más retorcidas vueltas. Sin embargo, en los últimos tiempos parece que se extiende como la pólvora un nuevo feminismo, superior, omnisciente e indiscutible, formado por mujeres (y exclusivamente mujeres, porque los hombres “no pueden” ser feministas, según esta nueva interpretación del término), tocadas por la varita de la sabiduría suprema. Son ellas las que determinan el bien y el mal, las que vienen a sembrar la luz en esta oscuridad en la que vivíamos algunas, ilusas, creyendo que éramos mujeres autosuficientes y libres capaces de decidir por nosotras mismas. Es este nuevo feminismo el que nos dice que no existe el instinto maternal, aunque muchas lo hayamos sentido con todas nuestras fuerzas; el que nos insulta si no seguimos sus propias reglas; el que nos humilla si queremos maquillarnos, someternos a una dieta, teñir nuestro pelo o ponernos tetas, y además, enseñarlas en una revista, o si optamos por dejar de trabajar fuera de casa para cuidar de nuestros hijos. Es el feminismo que crea mujeres de segunda o incluso tercera categoría, según se adapten o no a los criterios impuestos, ahora no por hombres, sino por otras mujeres. Es el feminismo en contra de la GESTACIÓN SUBROGADA.

Con respecto a este tema, han lanzado una campaña agresiva, basada en mentiras y desacreditación, en el insulto y la humillación, generando una oleada de odio hacia estas familias, hacia sus hijos, y hacia todas las personas que defendemos que la GESTACIÓN SUBROGADA debe ser legalizada en España YA, como una técnica de reproducción asistida más. Nos han convertido en monstruos, han difundido imágenes tan duras como bebés con etiquetas de precio, barrigas de embarazadas –siempre tan hermosas– con códigos de barras, niños colgados en cuerdas de tender, otros expuestos en vitrinas de comercios… Han convertido a estos menores, nacidos de uno de los mayores actos de amor y solidaridad de los que somos capaces, en objeto de discriminación, llamándolos “productos” y diciéndole a sus padres y madres que los han comprado.

“Una campaña a favor de alquilar mujeres pobres para que gesten niños para personas adineradas, ha irrumpido en la agenda política (…)” (extracto con el que se presenta el acto contra la Gestación Subrogada del día 7 de octubre en Madrid). Ante afirmaciones de este tipo, personas no informadas sobre la realidad de la Gestación Subrogada, se llevan las manos a la cabeza y apoyan campañas de acoso y derribo contra aquéllos que defendemos esta técnica. El problema, que este extracto ES ABSOLUTAMENTE FALSO. Como feminista, como mujer DISPUESTA A GESTAR EL HIJO DE OTRAS PERSONAS DE FORMA LIBRE Y CONSCIENTE, es un insulto desde la primera hasta la última palabra. El trastorno obsesivo compulsivo geográfico que sufren las feministas de esta tendencia, para las que las fronteras del mundo empiezan y acaban en la India, unido a esa sordera genital (sólo están dispuestas a escuchar lo que les sale de los ovarios), que ignoran las voces de mujeres que ESTAMOS DISPUESTAS A GESTAR POR LOS QUE NO PUEDEN, SIN SER “POBRES” NI ESTAR “FORZADAS”, llevan a sacar conclusiones basadas en falacias y viles manipulaciones. No, señores y señoras, no queremos explotar a la mujer. No, no somos el pueblo inculto que necesita que le guíen y le digan cómo vivir su vida y qué hacer con ella. No, el FEMINISMO con mayúsculas no son este grupo de mujeres que han hecho suyo el lema de la segunda mitad del S.XVIII “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, transformándolo en “todo para las mujeres, pero sin las mujeres”. No necesitamos un feminismo ilustrado, gracias. Queremos ser libres para decidir, para elegir nuestras opciones de vida, para hacer con nuestro cuerpo lo que nos dé la gana, sin ser señaladas como mejores o peores mujeres por ello. Yo sé lo que quiero, dejen de guiarme por el buen camino de SU visión del feminismo.

No cabe duda de que existen “granjas de mujeres” y una abominable mafia que trafica con la capacidad de gestar de éstas, y que las personas que defendemos la Gestación Subrogada ESTAMOS TOTALMENTE EN CONTRA DE DICHA PRÁCTICA. Pero en esos mismos países, se obliga a casarse a las niñas cuando tienen su primera menstruación, o incluso antes, y sin embargo, todavía no he visto a ninguna “feminista” con pancartas delante de iglesias y juzgados españoles pidiendo la penalización del matrimonio y su total abolición, ni encabezando charlas y debates en contra de esta institución. El motivo: en España el matrimonio está regulado, y se acude a él voluntariamente. En resumen, prácticas de explotación de la mujer en países pobres pueden ser inocuas en estados desarrollados, donde una buena regulación de las mismas asegura los derechos de todas las partes. Y eso es lo que queremos con respecto a la Gestación Subrogada, que se convierta en una práctica perfectamente regulada, donde una mujer pueda decidir por sí misma, de forma libre y consciente, si está dispuesta a gestar el hijo de otras personas. Las leyes deberán garantizar que no exista razón económica, entre otras muchas cosas que tendrán que ser reguladas.

LA GESTACIÓN SUBROGADA NO EXPLOTA A LAS MUJERES.

LAS MUJERES DISPUESTAS A GESTAR LOS HIJOS DE AQUELLAS PERSONAS QUE NO PUEDEN HACERLO POR SÍ MISMAS, EXISTIMOS, y cuanto más nos ignoren, cuanto más traten de hacernos invisibles con frases como “ninguna mujer estaría dispuesta a pasar por un embarazo y un parto si no hay una razón económica detrás”, más alto gritaremos que NADIE LES HA PEDIDO QUE HABLEN POR NOSOTRAS. Estamos aquí, y lo vamos a conseguir.

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El dilema del prisionero (continuación)

Continuamos con el dilema del prisionero que os expliqué hace una semana.

El dilema del prisionero nos sitúa ante el escenario del “mal menor”. Aunque lo más beneficioso para ambos es la lealtad, al desconocer la decisión del compañero, la tentación de optar por la traición para evitar el “mal mayor” será muy fuerte.

Vamos a analizar paso por paso este problema:

Vamos a suponer que ambos prisioneros son completamente egoístas y su única meta es reducir su propia estancia en la cárcel. Como prisioneros tienen dos opciones: cooperar con su cómplice y permanecer callado, o traicionar a su cómplice y confesar. El resultado de cada elección depende de la elección del cómplice. Por desgracia, uno no conoce qué ha elegido hacer el otro. Incluso si pudiesen hablar entre sí, no podrían estar seguros de confiar mutuamente.

Si uno espera que el cómplice escoja cooperar con él y permanecer en silencio, la opción óptima para el primero sería confesar, lo que significaría que sería condenado solo a un año de cárcel, mientras el cómplice tendrá que cumplir una condena de 10 años. Si espera que su cómplice decida confesar, la mejor opción es confesar también, ya que al menos no recibirá la condena completa de 10 años, y sólo tendrá que esperar 5, al igual que el cómplice. Y, sin embargo, si ambos decidiesen cooperar y permanecer en silencio, ambos serían liberados en sólo 2 años.

Confesar es una estrategia dominante para ambos jugadores. Sea cual sea la elección del otro jugador, pueden reducir siempre su sentencia confesando. Por desgracia para los prisioneros, esto conduce a un resultado regular, en el que ambos confiesan y ambos reciben largas condenas. Aquí se encuentra el punto clave del dilema. “El resultado de las interacciones individuales produce un resultado que no es óptimo; existe una situación tal que la utilidad de uno de los detenidos podría mejorar (incluso la de ambos) sin que esto implique un empeoramiento para el resto”. En otras palabras, el resultado en el cual ambos detenidos no confiesan domina al resultado en el cual los dos eligen confesar.

Si se razona desde la perspectiva del interés óptimo de los dos prisioneros, el resultado correcto sería que ambos lo negaran, ya que esto reduciría el tiempo total de condena del grupo a un total de dos años. Cualquier otra decisión sería peor para ambos si se consideran conjuntamente. A pesar de ello, si siguen sus propios intereses egoístas, cada uno de los dos prisioneros recibirá una sentencia dura.

La última opción es “no jugar”, pues el prisionero carece de información suficiente para jugar correctamente: no sabe cuál será la opción de su compañero. No hay tal dilema, pues no es posible el juego. Si juega, se trata de una “apuesta”, más que de una solución lógica.

Estamos delante de una auténtica “máquina de la verdad”.

Tabla 1

En este caso, decir la verdad equivale a cooperar, a callarse. Pero un jugador sólo optará por decir la verdad si sabe que el otro jugador también opta por la misma solución. En la vida real, eso no lo sabemos: hay que “jugar”, es decir, arriesgarse. Todo se basa en la “relación de confianza” existente entre los dos jugadores. Pongamos, por ejemplo, que los dos prisioneros son hermanos, con una relación de confianza muy estrecha. Entonces sí sabrían (casi con toda seguridad, pero nunca completa) cuál sería la opción de su compañero, y entonces siempre jugarían correctamente: cooperarían.

La única solución lógica es cooperar entre sí. Y además será la que dará el máximo beneficio común. Este planteamiento nos lleva a la correcta solución del dilema, que es decir la verdad. Pero en este caso el error estaba en el planteamiento correcto del dilema, que no es pensar en nuestro beneficio, en ser egoísta, sino en el del “otro” (ser generoso con nuestro hermano). En este caso, jugando a la “máquina de verdad” siempre conseguiremos que el otro gane. Si el objetivo del juego es que siempre gane el rival, solo hay una única solución lógica, y que no depende de la jugada del rival.

Una solución “incorrecta” sería que un hermano traicione al otro. Aun así, el juego es correcto (pues todo juego tiene una y sólo una solución lógica). Lo que ha sucedido es que ha cambiado el nombre del juego: ahora lo podríamos llamar “descubre al mentiroso”. Hemos ganado, pues descubrimos a un mentiroso.

Tabla 2

El dilema del prisionero es siempre un juego dual; pero con una solución lógica. Si los dos juegan lealmente, el juego es beneficioso para ambos. Si uno engaña y el otro no, se activa la “máquina de la verdad”, y solo gana uno de ellos, el que miente. Pero si pensamos en el dilema como una búsqueda egoísta y no generosa, la jugada desleal del dilema implica que los dos pierden.

Saliendo del dilema, el jugador desleal siempre tendrá dos objetivos: uno, engañar al honesto; y dos, convencerle de que no fue engañado… para poder seguir engañándole. Lo cual nos invita a concluir que un mentiroso siempre necesitará otra mentira para cubrir la primera.

Este dilema nos permite analizar situaciones reales y complejas. Por ejemplo, ¿preferimos colaborar o competir? ¿Ser generosos o egoístas? ¿Asociarnos o ir por libre?

Cuando se ha planteado el dilema del prisionero en diferentes estudios, la mayoría de los participantes optan por competir. Sin embargo, en 1980 se planteó el dilema de manera itinerante: los participantes repetían el dilema una y otra vez y conocían los resultados de los tests anteriores y lo sorprendente fue que a la larga los participantes que decidían ser leales tomaron ventaja y ganaron.

La conclusión del dilema es que la vida nos incita constantemente a competir y ser desleales cuando, a la larga, ser leal te beneficiará. Y yo te pregunto, ¿realmente ese es tu deseo? ¿Es nuestra naturaleza o puede ser una simple opción personal?

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